
Por Carlos Rodríguez
uis Abinader, quien se presentó como un baluarte de la transparencia y la lucha contra la corrupción sin corruptos , ha mostrado a lo largo de su mandato una serie de contradicciones y cambios de parecer que generan dudas sobre su compromiso genuino con la democracia y el país . A pesar de su promesa inicial de eliminar el continuismo presidencial está en su segundo mandato y el rancho ardiendo como se dice en pelota 🥎 cuando abran carreras , las señales actuales indican que podría estar trazando un camino hacia su reelección, como lo demuestra su intención mejorar la economía y luego será la reformar la Constitución. Esta ambigüedad revela una falta de claridad en principios fundamentales y pone en jaque su legado que no deja más que una estela de endeudamiento brutal a las futuras generaciones .
La obra de Juan Bosch, «El hombre de Maíz», advierte sobre la naturaleza de los líderes que, en lugar de servir al pueblo, buscan perpetuarse en el poder: “El hombre que no tiene valores ni palabra, se convierte en un ser sin dignidad”. Este retrato se asemeja a la trayectoria de Abinader, cuyas decisiones recientes parecen más orientadas a mantener su imagen y estatus que a abordar las necesidades urgentes de la población, evidenciando mantener una inclinación hacia el clientelismo y el apoyo a grupos cercanos a él en detrimento del bienestar social.
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A medida que se acercan las elecciones itinerantes de tu partido , la desvinculación con todos los aspirantes y sus acciones se vuelve cada vez más evidente que él va . Creando en tre ellos un Conflictos de intereses y amenazas sobre nuevos nombramientos que favorecen a leales políticos en lugar de servir a los ciudadanos han debilitado aún más su débil administración. Además, su regreso a las calles, y la caridad de publicidad a su figura, aunque superficialmente parece un esfuerzo por revitalizar su popularidad, carece de un mensaje claro que avale continuidad y coherente sobre su visión para el país. Esto deja en la mente de los ciudadanos la pregunta:
¿realmente prioriza el bienestar del país o su interés por seguir en el poder?
El tiempo dirá si Abinader se atreverá a desafiar su propia narrativa que no es nada raro y seguir el camino de aquellos que han fracasado en sus intentos por perpetuarse. La historia ha mostrado que el poder absoluto tiende a corromper, y la retórica política de hoy podría convertirse en la trampa que él mismo ha preparado.
