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Lo que revelan las largas filas en los bancos comerciales y los supermercados en SDE

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Por Robert Vargas
Las largas filas en los bancos comerciales y en los supermercados de Santo Domingo Este en este abril del 2020 tienen significados muy distintos a las filas que se formaban en los comercios durante abril de 1984 (y meses siguientes) y en medio de la quiebra masiva de los bancos en el año 2003.

Tanto en 1984 como en el 2003 se trató de filas preñadas de incertidumbres; del no saber qué hacer y del miedo al amanecer del día siguiente.

En abril de 1984 la población se lanzó en masa a las calles espoleada por la subida generalizadas de los impuestos y, en consecuencia, de los precios de los alimentos, los servicios y los combustibles.

Unas 200 personas fueron asesinadas en esas mismas calles por el Ejército, que recibió la orden de disparar a matar por el entonces presidente perredeísta Salvador Jorge Blanco.

En el año 2003, la gente fue en masa a buscar sus ahorros a los bancos, que quebraban uno tras otro, mientras la prima del dólar se disparaba verticalmente hacia arriba y pasó a cotizarse en poco tiempo de 16 pesos por un dolar a 58 pesos dominicanos por un dolar.

Esto provocó la inestabilidad en los precios de los alimentos, lo que fue acompañado con la masiva escasez y carestía  de los combustibles.

Eran los tiempos en que el presidente Hipólito Mejía aconsejaba a los dominicanos “subirse a la acera, si la calle está dura” o “poner un huevo” si le mencionaban los precios de estos para que supieran lo difícil que es para una gallina “poner un huevo”.

Mientras un presidente ordenaba disparar a matar, el otro se tomaba la crisis a chercha lo que sembró el desaliento en la población y la salida del gobierno del PRD en las dos ocasiones.

Ahora, en medio de la pandemia por el nuevo coronavirus, la gente está asistiendo en masa a los bancos, pero no como señal de desesperación, sino a retirar fondos que han sido puestos a su disposición por un gobierno con el que se podrá o no estar de acuerdo, pero que está respondiendo a la realidad como puede.

Las filas en los supermercados son enormes, no por que hay desabastecimiento, sino porque en medio de la crisis del nuevo coronavirus, un sector de la población, la más pobre, ha mejorado su poder adquisitivo debido a la aplicación de la política social del gobierno, que no es la mejor del mundo, pero ha permitido que la gente tenga algo de dinero para comprar un poco de alimentos y medicinas.

Si la situación fuera de espanto e incertidumbre por la gestión estatal de la crisis, es seguro que la población estaría masivamente en las calles protestando y saqueando.

Sin embargo, minutos antes de las 5:00 PM de cada día, la aplastante mayoría de la población se protege en sus hogares para cumplir con el toque de queda y propiciar el distanciamiento social y evitar ser contagiados por el mortal coronavirus.

Van a los bancos no por miedo a la quiebra de estos, sino a retirar fondos que le han sido asignados por el gobierno para la compra de alimentos durante un par de meses.

Van en masa a los mercados y supermercados no por miedo al desabastecimiento, sino porque su poder adquisitivo ha aumentado repentinamente.

Y se mantienen en sus hogares, no por miedo a la Policía y a las Fuerzas Armadas, sino porque quieren evitar ser contagiados y quieren aportar a superar la crisis, mientras otros se enfocan en generar miedos e incertidumbres.

Si alguien cree que la obediencia al toque de queda es por miedo a las tropas, es probable que esté muy equivocado, puesto que el país es un escenario bastante grande que sería imposible cubrir por todas las tropas si el pueblo sale a las calles por todas partes.

Al contrario, cuando los soldados y los policías pasan por los barrios durante las noches, los vecinos se paran en sus balcones, los aplauden y los animan a arrestar a todos aquellos que estén en la calle.

De la observación del ambiente social, mi percepción particular es que la gestión de la crisis actual es adecuada y que la gente confía en que podrá superar la situación.

Otros problemas sociales, de luchas de clases y de intereses por el control del poder político bien pueden esperar el momento adecuado.

Ahora de lo que se trata es de contener y derrotar al coronavirus para salvar al país.

Otras personas, mientras tanto, creen otra cosa y están dispuestos a improvisar en medio de la tormenta, aunque todos los dominicanos nos ahoguemos en el mar.

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