Destacadas de CiudadOriental.comOpiniones

Lo voy a extrañar mucho Robert, ¡Carajo! Sí que lo voy a extrañar

Por Raquel Cruz
Aún recuerdo con claridad aquel día donde conocí a Robert, un amigo común nos presentó, yo iniciaba la vida como servidora pública en el municipio Santo Domingo Este, él, un veterano periodista que de inmediato cautivó mi atención, definitivamente no era convencional.

En poco tiempo conversar con Robert se convirtió en uno de mis principales alicientes y estímulos, cada detalle de su historia de vida me mostraba una esperanza, la certeza de que sí se puede ejercer una ocupación con ética, aunque esto represente vivir alejado de la opulencia y el camino se llene de obstáculos.

Robert decidió con determinación practicar su vocación con inspiración y apego a la verdad, no siempre esto le resultó fácil, con frecuencia su arrojo y dignidad se tradujeron en repudio y en ocasiones su brío enérgico en la labor periodística provocó amenazas por parte de los sectores de poder.

Decir las cosas tal y como las veía y no como los demás querían que se transmitieran, luchar por los ideales y denunciar sin temor opresiones e injusticias, se convirtieron en su sello y marca particular, Robert tuvo siempre el coraje de plantarse, sin importar los resultados ni las represalias, él tuvo la intrepidez de arrojarse con dignidad a defender la verdad sin intimidarse al decir lo que es, negándose rotundamente a publicar lo que alejado de la veracidad pudiera manipularse para satisfacer a quienes representan esferas poderosas.

Yo amaba aquel coraje y determinación para defender los valores y las ideas.

Siempre, como dice el artista Español Eduardo Chillida,, él se mantenía «Con el nivel de la dignidad por encima del nivel del miedo»

Los periodistas como él “tienen vuelo de águila, puntería de cazador, ojos de cocuyo, mente de profeta, arrestos de guerrero y corazón amoroso de pastor; además, su vida no se “atascó” a la hora de la prebenda, ni del miedo, ni del soborno”. (Zenaida Bacardí de Argamasilla)

Aprendí mucho de Robert y por todos estos años fui privilegiada con su amistad, hablar por largas horas con él era un deleite, tenía una amplia habilidad para direccionar y aconsejar, también un enorme talento para enseñar, una destreza fuera de serie para metaforizar y una pericia excepcional para traer soluciones en base a experiencias vividas.

La pandemia nos robó un tiempo precioso, ahora lo reflexiono y lo lamento más, porque con ella se minimizaron nuestras amenas tertulias, aun así, la vida en una muestra de bondad para conmigo, permitió que estuviéramos juntos recientemente.

Aquella tarde, antes de que su salud se resintiera, teníamos previsto un encuentro entre amigos, vino aquel aviso de tormenta que hizo posponer todo, de igual modo, era tan imperante que nos juntáramos ese día, así lo había previsto luego de tantos meses sin vernos, que fuera de agenda llegué a su casa, ¡no me iba a quedar sin verlo hoy!, recuerdo que le dije.

Ciertamente, aquella mañana en la que Robert se fue, con postura destelengada en la pared de aquel centro hospitalario, desprovista de todo garbo, lastimada y afligida por el hondo pesar de su ausencia, solo llegaba a mi memoria su mirada dulce y profunda preguntándome qué podía hacer por mí, era lo que siempre me decía cuando me atormentaba algo.

De usted tengo los recuerdos más dulces, extrañaré aquellas llamadas para que saliera fuera de la casa a recoger una canasta de mangos del preñado árbol frutal que florecía por estaciones en su patio o un chicharrón que ubicaba no sé dónde, pero que me llevaba porque “no tenía grasa y era bajo en sal”. (lloro y me río).

Me privilegió con unas horas de charla en su habitación de hospital, nos despedimos con un abrazo tierno, pero aun así, no sabía que sería el último.

Lo voy a extrañar;

Voy a extrañar su estilo que era único, no había forma de empezar a leer un artículo suyo y detenerse;

Su tenacidad y constancia, su capacidad para crear proyectos y avanzar contra marea aun cuando todos hubieran perdido la fe;

Su bondad y desprendimiento excepcionales, siempre presto a compartir conocimientos y a ayudar;

Su ternura y cariño, pues a pesar de su fortaleza era un ser dulce con inmensa capacidad para dar amor;

Su previsión, su visión y capacidad de predicción, su habilidad y claridad interpretativa eran sin igual;

Se ganó un espacio súper especial en mi corazón, así también en el de mi amado Jacobo Colón.

Lo voy a extrañar mucho Robert, ¡Carajo! Sí que lo voy a extrañar.

Compartir:
Botón volver arriba