Destacadas de CiudadOriental.comOpiniones

Los narcos y los gobiernos trabajan para los ricos

Por: Valentín Medrano Peña

La humanidad. La suma de gentes y sociedades. Si veníamos de un mismo padre y una misma madre, ¿Cómo rayos nos hemos diferenciado tanto?, ¿Es así? Quizá no somos tan diferentes. Ante algunas palabras reaccionamos de forma similar: Amor, poder, riqueza, sexo. No somos tan raros siquiera para el resto de los seres vivos.

Por muchos años, siglos, las riquezas estaban distantes del poder, aunque antes, el soberano era dueño de las personas, los bienes y detentaba el poder. Por fuerza primero y luego por fe sometió todo menos a la naturaleza. Pero más luego la humanidad sapiente separó la avaricia del poder.

En la mentalidad comercial no cabe el dispendio y el asistencialismo. Se procura maximizar beneficios, hacerse cada vez más rico mitigando pérdidas, entre ellas el establecimiento de un salario justo por la mano de obra que trabaja para la producción de riquezas.

La gente no representa sino fuerza de trabajo, manos y pies y mentes para producir más riquezas para los dueños de los medios de producción.

Simple. Si se tiene que despedir a mil personas y sustituirlas por una maquinaria que da mayor resultados en la producción y aminora el costo, independientemente de la inversión inicial recuperable en unos años, se despiden, sin pensar en las personas y tomar en cuenta sus familias, la escolaridad de los hijos y la alimentación y por supuesto, la sanción mental que se les produce con el despido. Es la eficientización del medio de producción. Es capitalismo salvaje e inhumano. Lo real.

El rico más rico no lo es en función de los otros ricos, aunque revistas como la Forbes gustan en enlistarlos para llenar sus egos y enrostrarle a la humanidad las desproporcionalidades, las desigualdades y “el éxito” acuñado en oro puro sacado de una costilla general, las del todo humano.

Los ricos más ricos lo son en relación al pobre más pobre, al que nada más que existencialidad tiene. Las variopintas medias, la insalvable distancia humana que se eleva y dista a semidioses de esclavos modernos, son piezas, engranajes del sistema de producción para seguir enriqueciendo al rico y reproduciendo a pobres.

Estos, los pobres, descerebrados, hastiados, creen poder erigirse en ricos, y los medios de producción se les niegan, y las legislaciones se les niegan, y los ricos tienen pesadillas de verles en similar nivel, en la odiada igualdad, y les cierran las puertas, y otra engañosa puerta se les abre. Los ricos en sus hedonismos, en sus gustos abominables se han hecho reo de los vicios. Y ahí entra el pobre para saciar su sed de sangre y servirles sus vicios. Y puff nace el narcotráfico, antes exclusivo de esos semidioses equivocados, quienes teminaron por sus excesos en sobredosis de poder y drogas. Morian igual, los entierran diferentes, pero morian igual.

El narco que sirvió para empolvar sus narices y convertir a sus hijos en escorias, tomó cuerpo, se hizo fuerte y creó unas riquezas tan viles como las propias, con su propio crimen originario. (Honoré de Balzac).

Poco faltó para que sus legisladores crearan leyes de usurpación, control financiero y adjudicaciones de esas riquezas que comprarían luego los ricos a sus gobiernos a precios de vaca muerta. Los narcos terminaron haciendo fortunas para los ricos. Sus haciendas, sus caballos, relojes, sus residencias lujosas a imitación de los ricos, serían tomadas por las fuerzas legales y vendidas a los únicos con derecho a poseer, a los dueños de vidas. Solo que el control financiero antinarco fue tan efectivo que lo cargaron para todos. Ahora ellos deciden en sus tableros de juegos, quien y cuando se empobrece en la eterna condena a clasemediar socialmente para seguir sosteniendo el todo. Sin esperanzas.

Un ejemplo de lo dicho ocurrió en Mexico, en donde a través de una subasta gubernamental en el año 2019, el magnate empresario Carlos Bremer, el hombre más rico de Latinoamérica, adquirió por 102 millones de pesos mexicanos, según medios de Mexico, una casa que perteneció al enjuiciado chino Zhenli Ye Gon, presuntamente subvaluada a 95 millones de peso mexicanos (un poco menos de 4 millones de dólares) una casa de un valor superior a los 200 millones de pesos mexicanos. Claro está, que aún siendo ventajosa la compra, por la disminución del precio real, su abaratamiento para venderla, no está al alcance de todos ni la puja inicial ni el precio pagado. Hay que ser rico, rico certificado, con acta de nacimiento global, para poder comprar a tan elevados precios.

Y esta, es la realidad de todos los países y todas las subastas de bienes millonarios retenidos por encusamientos penales y desapropiaciones de bienes por leyes de extinción. Todo un sistema de colaboración, de empobrecimientos de unos malos para enriquecer a otros malos.

Compartir:
Botón volver arriba