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Magnicidio en Haití: Vacío de poder e incertidumbre… ¿Qué hacer?

Por Juan López
Despertamos, el pasado miércoles 7, con la aciaga noticia del cruento magnicidio contra Jovenel Moise, presidente de la vecina república de Haití.

Como consecuencia, a la grave crisis sanitaria, económica, social y política que padece ese país, el  más pobre del hemisferio occidental, ahora se le adiciona la ruptura de la institucionalidad y un peligroso vacío de poder.

A finales del 2019, el presidente Moise gobernaba por decreto. El Congreso estaba cerrado, en un año había cambiado 4 primer ministro y dos días antes de su vil asesinato, el presidente había firmado el decreto sustituyendo al primer ministro Claude Joseph por el doctor Ariel Henry, quien no llegó a  tomar posesión del cargo.

Por eso, este  lamentable episodio político en que ahora se encuentra Haití parece una trágica repetición de otros finales de gobiernos haitianos.

Desde la proclamación de la independencia haitiana (1-1-1804), lograda mediante la revolución más compleja del continente, en sangrientas luchas de negros contra blancos, de esclavos contra amos y contra el dominio del imperio francés; ese sufrido pueblo ha tenido 43 diferentes presidentes, de los cuales solo 5 terminaron sus respectivos períodos, mientras que 30 presidentes han sido derrocados, 6 fallecieron durante sus mandatos  y 3 presidentes en ejercicio fueron asesinados:   Cincinnatus Leconte, 1912, Jean V. Gillaunave Sam, 1915, y ahora Jovenel Moise, 2021.

Al inicio de este año, Haití atravesaba por una delicada convulsión socio-política. Mientras el presidente Moise pretendía gobernar hasta el 7 de febrero del 2022, realizar un referendo para modificar la constitución y elecciones generales, el próximo 26 de septiembre; los partidos de oposición y un amplio sector de la sociedad civil, a través de cotidianas y violentas manifestaciones  exigían su renuncia, argumentando que su período constitucional había finiquitado, el 7 de febrero del 2021.

También se habían constituido bandas de delincuentes, fuertemente armadas, que mantienen al país en zozobra mediante secuestros, extorsiones y asesinatos, así como las frecuentes confrontaciones entre facciones de la policía nacional, todo lo cual presenta un círculo vicioso a través de la caótica situación socio-político cuasi permanente durante las últimas décadas.

Ahora, con el funesto y repudiado asesinato del presidente Moise, con informaciones confusas, especulaciones sobre las posibles causas y sin la precisa identificación de los autores materiales e intelectuales;  surge la estéril disputa entre tres posibles primer ministro: Claude Joseph, Ariel Henry  y Joseph Lambert, actual “presidente” del cerrado senado.

Esta es una complicación adicional al vacío de poder, quiebre de la  institucionalidad  y crisis de gobernabilidad del sufrido pueblo haitiano, razón por la cual preguntamos ¿qué hacer ante esta dramática y pesarosa situación?

Esta situación haitiana repercute en R. Dominicana (RD) en varios aspectos, en tanto cohabitamos la misma isla. Además, Haití  es nuestro segundo importante destinatario comercial y por el conjunto de acontecimientos históricos que se han confrontado entre las dos naciones, razón más que suficientes para preocupar al pueblo y gobierno dominicanos, por lo cual nos interesa que se materialice, a la mayor brevedad, una eficaz acción solidaria y humanitaria de la comunidad internacional hacia el pueblo haitiano, digno de mejor suerte.

No obstante las fallidas y frustrantes acciones de la comunidad internacional en Haití, ahora más que nunca se necesita con urgencia que la ONU  (auxiliada por el BID, Banco Mundial, FMI,  EE.UU., Francia y Canadá) proceda a ejecutar un fideicomiso y, simultáneamente, prepare las condiciones para realizar elecciones democráticas y transparentes para escoger sus próximas autoridades, en un plazo no mayor de un año.

La RD, a través del fideicomiso liderado por la ONU, en su tradicional solidaridad humanitaria, está en condiciones de coadyuvar para que el  pueblo haitiano pueda superar las especulaciones, el vacío de poder e incertidumbre que le crearon la ingobernabilidad y el fatal magnicidio del presidente Jovenel Moise. .

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