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Tony Peña Güaba, los Likes y el espíritu negrero

Por: Valentín Medrano Peña
Una de las grandes virtudes que debe tener un juez, se ha dicho y escrito y motivado, es la de ser impopular en sus decisiones, las que con el tiempo le reivindican y hacen populares sus fallos, aún cuando en su momento no reciban aplausos.

La razón es simple, las grandes mayorías suelen desconocer incluso los que son sus legítimos derechos. Los iluminados de cada época han forjado los fundamentos ideológicos y retóricos para fijar los derechos y luchar por su manifestación y respeto.

El esclavo sufría la esclavitud y el esclavista opresor le hacía creer que era un sino del destino, cuando no, un designio divino, que la mayoría aprendió a aceptar.

La contienda ideológica nacía de la condición humana y de la conciencia de equidad de otros pocos que padecieron o no tal ignominia.

De siempre fue una lucha de unos pocos en favor de muchos otros.

No siempre la masa está en sintonía con sus mejores intereses y sus mejores hombres. De hecho se cree en la fatalidad de que los mejores seres que han poblado la tierra, salvo honrosas y muy escasas excepciones, no han liderado gobiernos e instituciones.

Si a todo ello, en nuestro caso específico, en lo que a nuestro país se refiere, le sumamos un elemento que fue motivo de publicidad negativa para con el gobierno del PLD sustituido en las urnas, de que somos uno de los peores países en materia de educación.

Ello se gritó y demostró con números científicamente asentados. Entonces, ¿Es correcto que nuestros gobernantes fijen las decisiones a tomar o se retracten de las tomadas en función de la cantidad de likes o aplausos o críticas que reciban?

El ejemplo es el de un niño que quiere comer dulces, le gustan las golosinas, pero padece diabetes o está en condición obesa, ¿El padre por ser popular ante su hijo debe suministrarle su particular veneno?

Aveces los líderes no entienden que la decisión de poner las tomas de decisiones en sus manos, en parte muestra un dejo de incapacidad para consensuarnos en la generalidad y de incapacidad en ciertos tópicos. Las decisiones son suyas porque nosotros no podemos o no sabemos tomarlas en grado sumo, y cuando nos devuelven la toma de decisión dicen empoderarnos, pero en definitiva es una búsqueda de justificaciones, pues no se cumple ni con un verdadero empoderamiento ni hay métodos infalibles que recojan el nivel exacto de bienestar en las acciones que se acometen.

Los mandatarios deciden por nosotros, se educaron y formaron para nosotros, que hemos depositado la confianza en que tomarán las mejores decisiones en favor del todo nacional, aún cuando no sepamos o entendamos nada al respecto.

Imagínense que un gobernante tome la decisión de hacer renunciar o despedir a un funcionario por el clamor general de una población científica y educativamente atrasada, y si ello por igual influye en las designaciones de funcionarios, y aplicación de políticas públicas. Simplemente nos jodimos.

En la administración política del Estado se sabe que hay decisiones impopulares que deben ser tomadas, como el toque de queda o la obligación de usar mascarillas y observar distanciamiento social durante la pandemia, pero ello no debe estar sujeto a que la decisión le suba o no los likes al Presidente de la República, que de por si tiene en su haber alineados a todos los miembros del alto clero de la comunicación influencer del país.

La visión de bienestar general que vendió el candidato fue lo que el pueblo mayoritariamente compró, tanto el que sabe de ingeniería como el que no sabe leer, el que entiende de su política económica como el que solo sabe lo que le significa extender lo más posible su salario o remesa recibida. Y para los dos segundos ejemplos entran los manipuladores mediáticos, que le explican a sus maneras e intereses como eso les afecta, si están contra el gobierno, o les beneficia, si es que están alineados.

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Poner el oído en el corazón del pueblo era el eslogan del pasado presiente sacado del palacio por los mismos a los que favoreció y enriqueció. Y vale decir que en todas las mediciones internacionales de popularidad, el aún recién desalojado presidente, tenía una alta popularidad, que a días de su salida del poder quizá haya que mirarla hoy con un microscopio. Entonces no basta con ser popular, o si?

Los negreros con negros aliados ahora las han tomado contra el hijo del líder negro que hereda el color de piel de su padre y el odio de los que nunca toleraron que tantas virtudes moraran en aquel amasijo de virtudes forrado de negra piel.

Su error es ser hijo de Peña Gómez, que a la vez es virtud, Dios, que solo es virtud, y ser morenito, como su padre que fue objetivo del odio negrero y le hace a su hijo poseedor del legado que procuró victimizar a su padre.

A diferencia de otros cuyo única virtud es su apellido y color, que les han permitido décadas de cobros de facturas con cargo al erario por los aportes de sus glorisos idos, este político esforzado y trabajador es negro, hijo de un líder sinigual que debe ser borrado, pues en cada etapa alguien quiere ser el significado homocéntrico de la existencia.

El caso, unos contratos con artistas, ricos y no, que como el actual presidente, suman likes y aceptaciones que los hacen los más populares, por ello, si vas a dar algo al pueblo, si vas a darles música y arte, se los darás con los más populares y de más calidad, ahí si los likes tienen sentido.

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Una corriente de opinión incidió a alguien por encima de él, los artistas son muy populares pero los contratos desagradaron a unos con incidencias en likes, así que se decidió dejar sin efectos los contratos, pero se dieron los recursos como anticipos a futuras contrataciones, ya que se habían pagado los mismos.

No discuto la bondad o maldad de la acción, acepto fundamentos en contra y a favor, pero sin dudas que lo que importa es que la medida puede o no ser popular, pero no representa un tipo penal para el moreno funcionario, ya que no hay una sola prueba de que los artistas no hayan recibido lo anunciado o de que él se quedara con una parte del óbolo navideño a los artistas.

Hay una nueva sociedad que impulsa el todo decisional en el país, que se calibra de opiniones interesadas de los intocables herederos de la buena fortuna del color de la piel de leche y un familiar ilustre, y de otros que a la par pretenden barrer con todo honor y macular los méritos bien ganados para ocupar esquelas imputacionales y morbosas, pero populares.

El populismo es una enfermedad, un germen, pero sobre todo, un boomerang que ya ha alcanzado a muchos y pretende acabar con todos.

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Actualizado el: 15 junio, 2021 - 9:04 AM (-04:00)
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