jueves, 30 de abril de 2026
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Las fábricas de mentiras que destruyen vidas, caso Yamelsy Matos Beltre

Por Jacobo Colon

as redes sociales se han convertido en un tribunal del pueblo donde la verdad es lo que menos cuenta y los «likes» lo son todo.

Un video sacado de contexto, un relato sensacionalista y, de repente, una persona común se transforma en un monstruo a los ojos de millones de personas.

Este es el caso de Yamelsy Matos Beltré, una joven maestra y estudiante universitaria de la república dominicana, quien cometió un error al manejar de forma brusca la alimentación de una niña de dos años en el centro infantil «Mi Segundo Hogar/Little Steps».

Admitió su falta y merece una sanción proporcional, pero lo que ha sucedido va mucho más allá; una campaña de desinformación impulsada por influencers ha inflado el incidente hasta convertirlo en un supuesto acto de tortura, llevando a la imposición de tres meses de prisión preventiva en Najayo Mujeres.

Analicemos los hechos con frialdad, lejos de la algarabía de esos seres pusilánimes que creen como seres zombis todo lo que les dicen esos influencers

de las plataformas.

El video muestra a la maestra intentando alimentar a la niña, quien se resiste y termina en el suelo. En un momento de frustración, la maestra recoge comida del piso y se la da, mientras se arrodilla para insistir. ¿Brusco? Sí. ¿Inapropiado? Absolutamente.

Pero debemos preguntarnos, ¿tenía la maestra algún interés personal en darle de comer a esa niña a toda costa? Solo un mandato expreso de la madre lo explica, por lo que no se querelló, así se puede entender su accionar, esto no significa apoyarlo.

He observado a padres con la cuchara en una mano y en la otra mano una correa, porque tienen dos opciones, o le pego para que se alimente, o se muere de hambre, y los padres eligen la primera opción.

De ahí que los influencers, ansiosos de likes y seguidores, han tejido una historia de horror; afirman que la maestra recogió vómito del suelo con las manos y se lo obligó a ingerir a la niña, y que la «estrelló» violentamente contra el piso, montándose encima de ella.

¿Quién en su sano juicio creería que alguien levanta vómito con las manos para dárselo a un infante? Los vómitos no se recogen así; se limpian.

De hecho, la defensa de la maestra ha aclarado que no se trataba de vómito, sino de trozos de brócoli que la niña se negaba a ingerir en ese momento.

No hay evidencia médica que respalde la versión del vómito, y el único certificado mencionado habla de una abrasión menor en la nariz, sin probar que fue causada por la maestra

No conozco un niño que juegue con otros niños que en su momento de recreo no salga con alguna abrasión, puede ser en las manos, piernas o cara.

La segunda falsedad es aún más grotesca, la acusación de que «estrelló» a la niña y se colocó encima de ella con saña. El video muestra a la maestra hincada, no aplastándola.

Si hubiera sido un acto de violencia extrema, la niña tendría costillas rotas, laceraciones o traumas graves.

¿Dónde está el informe médico que avala lesiones serias? No existe. Sin embargo, el populacho, alimentado por posts virales y comentarios inflamados, exige crucifixión.

Algunos incluso claman por 30 años de cárcel, como si se tratara de una sicaria o narcotraficante.

¿30 años por un manejo inadecuado durante la alimentación? Eso no es justicia; es linchamiento moral y digital, es saña, resentimiento, deseos de destruir una vida.

El peligro real de las redes sociales radica en su capacidad para destruir honras y vidas sin miramientos.

Influencers sin escrúpulos inventan detalles escabrosos para ganar relevancia, y el público, sediento de drama, cree sin verificar.

En este caso, la indignación colectiva ha presionado a las autoridades a actuar con mano dura, imponiendo prisión preventiva sin proporcionalidad. La maestra no es inocente al 100%; actuó de manera indebida y debe enfrentar consecuencias, como una reprimenda laboral, capacitación obligatoria o una multa.

Pero ¿encarcelarla por años, tratándola como una criminal de alto riesgo? Eso convierte la justicia en injusticia, un abuso de poder impulsado por la presión mediática.

Este incidente no es aislado. Las redes han arruinado carreras, familias y hasta llevado a suicidios por campañas de difamación.

En República Dominicana, donde la justicia ya enfrenta críticas por su lentitud y sesgos, ceder ante el clamor virtual solo erosiona la confianza en el sistema.

¿Qué mensaje enviamos? Que un video editado y una narrativa falsa pesan más que la evidencia. La maestra merece un juicio justo, no un castigo excesivo por algo que, aunque reprobable, no tuvo «grandes consecuencias» como traumas permanentes o daños irreversibles.

Yamelsy Matos no es una delincuente; es una joven del sector de los 3 brazos que erró, una estudiante de término de la universidad, una hija ejemplar, una joven que antes de cometer ese error, era un ejemplo de trabajo y superación para nuestro municipio santo domingo este, por eso creemos que el verdadero crimen es cómo la sociedad la ha condenado prematuramente.