martes, 19 de mayo de 2026
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El plagio y la escritura académica: desafíos éticos,metodológicos y formativos en la educación superior de la República Dominicana

Por Dr. Juan Antonio Mateo Ciprian
Abogado – Catedrático Universitario
a capacidad de escribir de forma académica es una habilidad clave para la educación superior, toda vez que permite a los estudiantes construir conocimiento, sustentar argumentos y participar en el debate científico mientras producen textos con valor intelectual. Pero esto no implica que muchas universidades latinoamericanas, de la cuales no queda exenta la República Dominicana, sistematicen el desarrollo de esta competencia desde las etapas iniciales de la formación.

Como consecuencia, existe una disparidad entre lo que las universidades esperan de sus estudiantes egresados en términos de habilidades de lectura, análisis, reformulación, citación y escritura científica, y el conocimiento real de un alto porcentaje de estudiantes que ingresan.

Por ello, el plagio no solo connota el acto de copiar intencionalmente otros textos. También puede originarse en la ignorancia de las prácticas de investigación, una comprensión inadecuada de los protocolos de citación, una baja comprensión del uso adecuado de la escritura académica, técnicas de parafraseo y la presión por entregar tesis, monográficos o trabajos finales, la falta de supervisión docente y una cultura más relajada en las instituciones.

Asimismo, el plagio se concibe como el uso de palabras o ideas de otras personas sin darles el crédito correspondiente; también añaden que el autoplagio, reutilizar trabajos publicados previamente y presentarlos como nuevos, es una acción poco ética (APA, apastyle. apa. org).

Por encima de todo, el plagio es un asunto ético. Al presentar como propias ideas, textos, figuras o argumentos tomados de otras personas, un estudiante vulnera el valor académico de la honestidad, la responsabilidad y el respeto por la autoría intelectual. Este tipo de conducta erosiona la confianza que existe entre los estudiantes, el profesorado y las instituciones. También existe un daño adicional al título universitario, debido a que alguien ha avanzado en el ámbito académico sin necesariamente dominar todas las competencias requeridas para aprobar los cursos.

Sin embargo, reducir el plagio a un vicio moral puede producir respuestas que carezcan de fundamentos. Esto podría ser el caso en muchas ocasiones: los estudiantes cometen plagio porque no saben cómo escribir de manera académica. En la escritura universitaria, necesitas saber cómo elegir fuentes autorizadas, leer de forma crítica y resumir lo que has leído; parafrasear y citar la información; construir argumentos en apoyo de una idea o postura; ser capaz de estructurar las ideas en un marco lógico dentro del trabajo y hacer referencias.

Estas habilidades no se improvisan en el cuarto semestre de un programa de grado ni en un curso aislado de metodología. Deben integrarse en una cultura académica conectada desde los primeros años de la educación básica, pasando por la secundaria, los estudios de grado y la escuela de posgrado. En este sentido, hay que profundizar la práctica, la motivación y el uso de herramientas antiplagio. Esta es información muy relevante: significa que no se trata solo de una pregunta hipotética sobre si existe el plagio; es un problema real que existe en el sistema universitario nacional. La investigación ayuda a comprender que el fenómeno requiere diagnóstico, prevención, formación y moderación institucional.

Un aspecto clave es la regulación académica poco clara o que no se haya comunicado suficientemente. Muchas universidades tienen pautas generales para sancionar a los estudiantes, pero no políticas específicas que describan el plagio, la citación de la autoría, la coautoría, el autoplagio, la compra de trabajos; el uso de plataformas; la generación de textos con la ayuda de la IA disponible en el entorno digital y las consecuencias proporcionales según el nivel de la infracción.

Aunque las disposiciones generales de las instituciones de educación superior en la República Dominicana indican parámetros comunes sobre la definición de los fines y el funcionamiento de las instituciones de educación superior, cada universidad debe desarrollar sus instrumentos internos que operacionalicen esos principios en mecanismos para abordar la integridad académica.

Por su parte, los docentes y los estudiantes son inseguros de este modo; no hay reglas claras. Algunos profesores podrían manejar a quién tolerar según la ignorancia o la falta de un protocolo para determinar qué constituye y qué no una conducta de plagio. Sin haber recibido ninguna orientación formal previa, como estudiante podrías ser penalizado severamente. Por lo tanto, la integridad académica debe apoyarse en estas tres patas: prevención, formación y acción punitiva. Tiene que haber una sanción, pero moderada mediante una introducción gradual y un momento alineado con la prudencia.

Un problema clave es la brecha en la disciplina de la escritura académica. Les enseñamos todo esto en la escuela, pero la realidad es que, en términos de nuestro sistema educativo, con frecuencia los estudiantes llegan a la universidad con antecedentes de un dominio insuficiente de la lectura crítica, la escritura argumentativa y el uso de fuentes. Y esta deficiencia no debe tomarse como un fracaso individual, sino como la culminación del sistema educativo.

Si a los estudiantes no se les enseña a investigar, resumir, argumentar y citar antes de la experiencia universitaria, entonces estos nuevos académicos de educación superior han recibido las órdenes para elaborar un trabajo de investigación, pero no necesariamente qué significa realmente “salir adelante” en términos de producir conocimiento académico. En otras palabras, con solo pedir un ensayo, una monografía o una tesis no es suficiente. El docente debe guiar en la selección del tema, la delimitación del problema, la indagación bibliográfica, la lectura de las fuentes, la elaboración de notas o tarjetas, la redacción inicial, la retroalimentación y la reproducción de la versión final.

Asimismo, el uso indebido de agentes de Inteligencia Artificial (IA) es un nivel completamente nuevo. Las herramientas de inteligencia artificial generativa pueden ordenar tus ideas, corregir tu estilo, estructurar algo por ti, usar ese conjunto de datos para generar un modelo, pero también pueden ponerse a trabajar para producir todas estas cosas sin reflexión humana. La UNESCO ha pedido un enfoque ético, fundamentado y basado en los derechos humanos para el uso de la inteligencia artificial generativa en la educación y la investigación (UNESCO, 2023).

Cabe destacar que, el problema no es la inteligencia artificial, sino la aplicación acrítica, subterránea o sustituta del aprendizaje. Presentar un texto generado por IA como si fuera en su totalidad obra propia de los estudiantes constituye una falta de integridad académica, incluso cuando no se haya copiado literalmente de una fuente tradicional. Además, la IA puede generar información falsa, referencias inexistentes o argumentos sólidos con una metodología deficiente. Esto significa que las universidades dominicanas deberían establecer políticas claras sobre cuándo, cómo y bajo qué condiciones se permitirá la IA en el trabajo académico.

Por ello, debería existir una política adecuada que no prohíba completamente la IA; sin embargo, esto es poco práctico y restringiría la formación. Más bien, debería exigir transparencia. Deben indicar si se utilizó IA, con qué propósito y en qué sección del trabajo está el análisis que le pertenece a él/ella. Las evaluaciones también deberían estructurarse para premiar el proceso: defensas orales, revistas de investigación, partes de informes de avance realizadas solo parcialmente, mapas conceptuales y revisiones de borradores, análisis de casos y preguntas aplicadas. Estas estrategias disminuyen las posibilidades de que un estudiante tercerice todo su pensamiento en una herramienta digital.

Evidentemente, el plagio tiene un impacto en la calidad de la investigación universitaria, desde un punto de vista metodológico. No genera conocimiento, no enriquece el pensamiento crítico y no deja evidencia de competencias científicas. Además, impide que el docente tenga una idea precisa de en qué punto se encuentra el estudiante. La situación es mucho más grave a nivel de posgrado, ya que cualquier tesis o artículo de investigación debe demostrar una contribución original, rigurosa y verificable. Si llegamos a normalizar el plagio, la universidad deja de formar investigadores y se convierte en un lugar de reproducción mecánica de textos.

Por lo que, es necesario una política institucional integral para corregirlo. Para empezar, todos los centros deben contar con una normativa de integridad académica que defina el plagio, el autoplagio, la falsificación de datos, la compra de trabajos o la autoría indebida, y el uso columnista de la IA. Pero creo que debe existir un manual de escritura académica para distintos campos, que incluya ejemplos de citas, parafraseo, resumiendo y referencias. En tercer lugar, el personal docente necesita formación para evaluar el material escrito, detectar el plagio de manera pedagógica a medida que surge y crear tareas auténticas.

En conclusión, uno de los desafíos más urgentes para la educación superior en la República Dominicana es el plagio, un tema relacionado con la escritura académica.

Se afronta mejor no con una respuesta puramente punitiva, sino con una cultura institucional fomentada en la integridad, la formación y la responsabilidad intelectual. Las exigencias combinadas de regulaciones mal definidas, la baja calidad de la educación en escritura tanto en los sistemas de educación básica como en los de nivel terciario y el uso abusivo de la inteligencia artificial generativa impulsan la necesidad de una acción urgente ahora y de respuestas coordinadas.

Por ello, las universidades dominicanas necesitan formar profesionales que puedan pensar y escribir, realizar investigaciones y ser creativos con integridad. Para lograrlo, requieren directrices inequívocas, docentes y administradores debidamente capacitados que respalden a estudiantes bien preparados en cualquier forma que adopte la IA en las políticas de aprendizaje sobre el uso de la inteligencia artificial, respaldadas por leyes actualizadas.

Finalmente, las enseñanzas de los estudiantes a escribir, pensar y producir conocimiento de manera ética; no se trata únicamente de detectar copias, sino de combatir el plagio. Analíticamente, la integridad académica no debe tratarse como un requisito técnico impuesto por la administración a las universidades, sino como un elemento clave para la calidad y la credibilidad de la ciencia en la República Dominicana y la evolución democrática de su sociedad.