sábado, 30 de mayo de 2026
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A las Madres e Hijas que el Feminicidio Nos Arrebató

Por Felipe Lora Longo

Este domingo, República Dominicana celebrará el Día de las Madres.

abrá flores, habrá canciones y discursos sobre el amor maternal. Habrá promociones comerciales y mensajes oficiales hablando de “la mujer dominicana como el corazón del núcleo familiar”.

Pero en cientos de hogares dominicanos habrá silencio. Un silencio pesado, doloroso e insoportable. Será el silencio de las hijas que este año no podrán abrazar a sus madres porque fueron víctimas de un feminicidio.

Será el silencio de las madres que enterraron a sus hijas antes de tiempo. Será el silencio de los niños que todavía preguntan cuándo volverá mamá.

Y mientras el país celebra, esas familias volverán a enfrentarse a una verdad bestial:
En República Dominicana ser mujer sigue siendo un peligro mortal.

Durante veinte años, el feminicidio ha dejado una herida abierta sobre la sociedad dominicana. Más de 1,800 mujeres asesinadas entre 2005 y 2023. Miles de hijas creciendo sin madre. Miles de madres cargando el ataúd de las muchachas que parieron, criaron y soñaron ver envejecer.

¿Qué puede sentir una madre cuando recibe la llamada que le anuncia que su hija fue asesinada por el hombre que decía “amarla”? ¿Cómo se reconstruye una hija que vio a su padre matar a su madre? ¿Cómo duerme una niña después de escuchar disparos o gritos detrás de una puerta?

La República Dominicana está llena de esas preguntas.

Pero el Estado parece demasiado ocupado produciendo estadísticas incompletas y planes tardíos para escucharlas porque, incluso en medio de esta tragedia nacional, el país ni siquiera tiene cifras claras y unificadas sobre cuántas mujeres están siendo víctimas de feminicidio.

En este país cada institución maneja números distintos y cada organismo ofrece balances diferentes. Las estadísticas aparecen dispersas, atrasadas o contradictorias, y detrás de ese caos institucional hay algo todavía más grave: la vida de las mujeres no ha sido tratada como prioridad nacional.

Las autoridades reaccionan después de cada horror. Nunca antes.

Prometen nuevas estrategias, anuncian nuevas mesas de trabajo, lanzan campañas y pronuncian discursos. Pero las mujeres siguen muriendo y las madres siguen enterrando hijas.

En muchos casos, esas mujeres habían denunciado amenazas previas. Habían pedido ayuda. Habían alertado sobre agresores violentos. Algunas acudieron a destacamentos policiales. Otras buscaron órdenes de alejamiento. Muchas simplemente pidieron auxilio a familiares o amistades porque sabían que podían ser asesinadas.

No fueron escuchadas.
Y eso debe decirse con rabia: muchas mujeres dominicanas murieron después de haber pedido ayuda.

Este país tiene que dejar de llamar “tragedias” a lo que en muchos casos son fracasos institucionales anunciados. Porque cuando una mujer denuncia violencia y termina asesinada, el problema no es solamente el agresor.

También falló el sistema, Falló la prevención. Falló la protección. Falló la justicia. Falló el Estado.

Este Día de las Madres debería ser un día de duelo nacional. Un día para mirar de frente a las hijas huérfanas, a las madres vaciadas por el dolor y a las familias abandonadas por el sistema.

Porque no basta con publicar mensajes emotivos una vez al año mientras las instituciones siguen siendo incapaces de proteger la vida de las mujeres.

La República Dominicana necesita actuar con urgencia.

· Declarar emergencia nacional: Más de 80 organizaciones y legisladores piden destinar recursos y priorizar una respuesta coordinada ante la crisis.

· Aprobar leyes y protocolos: una Ley Orgánica para la Prevención, Atención, Sanción y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres, y un registro único y transparente de feminicidios.

· Fortalecer medidas de protección: Asignar más recursos para el Ministerio de la Mujer, expansión de refugios seguros e implementación de pulseras electrónicas para agresores con órdenes de restricción.

· Reformar el sistema de justicia: Implementar auditorías independientes a la Policía y al Ministerio Público, tribunales especializados y revisión de por qué las órdenes de protección tardan y no se cumplen.

· Implementar reforma educativa: Crear programas educativos obligatorios en escuelas sobre gestión emocional, igualdad y erradicación del machismo desde la infancia.

· Detener la revictimización: Evitar que las autoridades culpen a las víctimas (“algo habrá hecho”) y que el enfoque sea solo sobre la responsabilidad del agresor y del Estado.

· Y voluntad política para enfrentar una crisis nacional que ya desborda todos los discursos oficiales.

Pero sobre todo, este país necesita dejar de acostumbrarse.

Acostumbrarse a las noticias, a los entierros, a las fotografías de mujeres asesinadas circulando en redes sociales como si fueran parte normal de la vida dominicana.

No.

No es normal.

No es normal que las madres entierren hijas asesinadas, que niñas crezcan visitando a su padre en prisión por haber matado a su madre, ni que las mujeres vivan con miedo constante dentro de sus propios hogares.

Este domingo habrá flores sobre muchas tumbas.
Y cada una de esas tumbas representa una derrota colectiva de la República Dominicana.

Porque un país que no puede proteger a sus madres tampoco puede proteger su futuro.