viernes, 29 de mayo de 2026
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Sufragio: El respeto en la política

Por Eddy Olivares Ortega

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a frase de Jean Jacques Rousseau: “Siempre será más valioso tener el respeto que la admiración de las personas”, es un reflejo del lugar privilegiado que ocupa el respeto entre las virtudes. Sin duda, el respeto por las personas constituye una de las principales obligaciones éticas de los políticos, los cuales deben respetar la dignidad y los derechos de los ciudadanos, en lugar de tratarlos como simples instrumentos electorales.

A propósito de esto, en su obra Valor, respeto y apego, el filósofo y jurista Joseph Raz desarrolla una profunda reflexión sobre la importancia de reconocer el valor intrínseco de cada persona, planteamiento que resulta especialmente relevante para el comportamiento de los líderes políticos.

En ese sentido, Raz sostiene que respetar a una persona significa reconocer que posee valor propio y que merece consideración moral en todas las decisiones que puedan afectarle. Esta idea adquiere una enorme trascendencia en la política, porque el ejercicio del poder implica influir directamente sobre la vida de muchos ciudadanos. Cuando un gobernante pierde de vista la dignidad de las personas, la política puede transformarse en manipulación, indiferencia o autoritarismo.

Nadie puede negar la preocupante degradación que viene dañando el discurso político. En muchas democracias, el debate político ha pasado a fundamentarse en insultos, descalificación personal, mentira deliberada y desprecio hacia quienes piensan distinto. La política ha dejado de ser un espacio de construcción democrática para convertirse en un escenario de confrontación permanente. Desde la perspectiva de Joseph Raz, este fenómeno refleja una pérdida del respeto por las personas, porque se reduce al adversario político a una caricatura o a un enemigo al que hay que destruir.

Sin embargo, está claro que respeto en la política no significa ausencia de debate ni eliminación de las diferencias ideológicas. La democracia vive precisamente de la pluralidad de ideas. No obstante, las discrepancias deben desarrollarse reconociendo siempre la dignidad humana de quienes sostienen posiciones distintas. Un líder verdaderamente democrático entiende que el ciudadano merece ser escuchado, informado con honestidad y tratado con consideración, incluso cuando critique o se oponga a sus decisiones.

Raz también destaca la importancia del apego y de las relaciones humanas en la formación del respeto, tomando en consideración que los políticos que mantienen cercanía con la realidad social, que escuchan las dificultades de la gente y que comprenden las necesidades de las comunidades, desarrollan una visión más humana del poder. Por el contrario, cuando el liderazgo político se distancia de las personas y se encierra en estructuras de privilegio, aumenta el riesgo de gobernar con indiferencia frente al sufrimiento social.

El respeto político también debe manifestarse en las políticas públicas. Es necesario adoptar decisiones que protejan efectivamente la dignidad humana, como el combate a la pobreza, el acceso a salud y educación, la promoción de empleos dignos y la protección de los derechos fundamentales de las personas.

Finalmente, la enseñanza esencial de Valor, respeto y apego es que ninguna sociedad democrática puede sostenerse únicamente sobre instituciones y leyes. La estabilidad democrática depende también de una cultura política basada en el reconocimiento del valor de cada ser humano, porque el respeto genuino a las personas fortalece la confianza ciudadana y dignifica la democracia.