
Por Jhanel Ferreras
La ciudad portuaria más importante de Venezuela.
Cuna de grandes batallas desde la época precolombina y territorio de aguas tranquilas.
Su nombre tiene un origen difuso por los historiadores, aunque su legado en América del Sur, es incalculable.
Sus calles reflejan su majestuosa era colonial, y el Fortín Solano construido en 1766 tiene una de las vistas más hermosas del Caribe. (A principios del siglo XIX alli comandó Bolívar el Libertador)
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Puerto Cabello, bañado por las aguas cálidas del mar Caribe, a los pies del Parque Nacional San Esteban, posee una población mestiza, con gran hospitalidad y mejores atenciones al turista.
La juventud es su principal carta de triunfo, y bajo un sistema académico con grandes planes de innovación, seguro que será una de las ciudades más pujantes en la activación económica post pandemia.
La gente de a pie tiene una alegría sin par, luchan y gestionan con muchas ganas su cíclica necesidad, y aún en los momentos difíciles tienen tiempo para una ronda de Zulia, Polar ó Cocuy si es necesario.
De pescados y mariscos, son reyes, y que decir de su amplia gastronomía; el Pargo Preña’o es único en la región.
Con un malecón de lujo, canchas de tenis de primera categoría y su famosa playa de surf Waikiki, hacen gala a su envidiable ubicación geográfica.
Como hombre de sociedad, y diplomácia escribo en cada puerto que visito, y no me podía despedir una vez más de Venezuela, sin reconocer que tienen uno de los pueblos más nobles del mundo 🌏
