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Adiós, maestro y amigo Robert

Por Juan López
Con el alma desgarrada y preguntándome el porqué tú, maestro y amigo Robert, te despides ahora; así, en esa manera tan diferente a tu peculiar y agradable forma de decir adiós.

Ayer te despediste de tu “Ciudad Oriental” y de los que, diariamente, abrevamos en tus sabias y oportunas orientaciones sociales, comunitarias y políticas. ¿Por qué? ¡Me sigo preguntando!

No lo entiendo, no acepto esa despedida. Simplemente, me niego a decirte adiós sin tus pícaras sonrisas. Y sin preguntarme mi opinión sobre tal o cuál problema del municipio, nuestro Santo Domingo Este por el que tanto te preocupabas su futuro y progreso.

En esa forma me resisto y no estoy de acuerdo en despedirme de ti porque son muchas las geniales enseñanzas y pertinentes consejos que me debes, personalmente o a través de tu prestigiosa “Ciudad Oriental”. ¡Así, en silencio, nunca nos habíamos despedido, razón por la cual no te la acepto!

Pero la puta ley de la vida “nacer y morir”, en el caso tuyo la aceptaré gracias a tu fecundo legado: Tus correctas, ligeras y al mismo tiempo profundas formas de escribir, tus lecciones a quienes manifestamos interés por comunicar ideas y propósitos; tus eficaces consejos y oportunas críticas ante las ejecutorias y malas prácticas municipales de las autoridades de nuestro Santo Domingo Este.

También las aceptaré por la gran camada de aprovechados alumnos que directamente (en tu liceo Ramón Emilio Jiménez y de cursos para comunicadores), e indirectamente mediante tus productivas conferencias y lecciones sobre buena comunicación en el pasado y actualizadas con las técnicas modernas del presente siglo; por tu amena y plural emisora musical y canal de TV. Por tu modesta, humilde y frugal ejemplo de vida.

Ese positivo y amplio legado es para tus hijos, hermanos y adorable compañera Cinthia, para los agradecidos pobladores de Santo Domingo Este y, en especial, para los que tuvimos el privilegio de disfrutar de tu sincera y contagiosa amistad.

Por eso, y solo por eso, y bajo firmes protestas con mucha tristeza y dolor, te digo ¡Adiós, maestro y amigo Robert!

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