miércoles, 22 de abril de 2026
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Asesinato de Jorge Mera en su despacho es un golpe devastador para la política de seguridad del gobierno

Por Robert Vargas
arias horas antes, en el barrio marginal «La Puya», de Arroyo Hondo, una nutrida fuerza policial acribilló a balazos a un presunto delincuente, líder de una supuesta banda criminal de la que no se tenía conocimiento.

Sin guardar las apariencias, la fuerza de seguridad tomó el cadáver de la victima, lo envolvió en una manta y salió por los callejones del lugar  con su trofeo, mientras la sangre manchaba todo el trayecto y los ojos de chicos y adultos parecían querer salirse de sus cuencas ante la horripilante escena que, sin embargo, fue captada en vídeo por ciudadanos con sus teléfonos celulares.

Poco antes, otros presuntos delincuentes cayeron abatidos a manos de la policía en supuestos «intercambios de disparos» .

Esas acciones sangrientas, violentas y mortales fueron ejecutadas siguiendo el mandato del presidente Luis Abinader, quien ha ordenado acabar con las bandas criminales al costo que sea necesario.

Lo hizo, después de que la población del país caribeño ha reaccionado con espanto y aterrorizada ante la creciente e incontenible ola de criminalidad, atracos, asaltos y robos perpetrados por pandilleros en distintos barrios-

Orlando Jorge Mera
Orlando Jorge Mera

El gobierno confirma plenamente muerte del Ministro Orlando Jorge Mera; informa que el presunto asesino ya está bajo custodia

En principio, amplios sectores de la población, han reaccionado aplaudiendo las acciones de la fuerza policial.

No importaba que fueran destruidos todos los protocolos previo al levantamiento de los cadáveres.

Es más, tampoco importó que la policía científica hiciera los correspondientes levantamientos siguiendo el debido proceso que el gobierno se ha comprometido a seguir.

Algunos llegaron a creer que, de esa manera, se ponía fin o se contenía la criminalidad y la violencia y que, el país seguro prometido por la administración ya estaba en camino.

Muerte del ministro Jorge Mera

Sin embargo, como si fuera una sonora bofetada, a los estrategas de seguridad del gobierno, esa violencia y criminalidad penetró hoy el despacho del Ministro de Medioambiente, Orlando Jorge  Mera y lo asesinó a balazos.

Se trató de un crimen contra un funcionario de primer nivel del gobierno, justo cuando desde el Poder Ejecutivo se está culpando de esa criminalidad al narcotráfico heredado de otras gestiones.

El Ministro fue asesinado en su propio despacho «por un amigo de infancia», que logró salir de la escena del crimen y se refugió en una iglesia cercana, donde finalmente fue capturado por la fuerza policial.

El cadáver de Jorge Mera no fue metido en una manta y su cuerpo ensangrentado paseado ante los ojos de la multitud curiosa que acudió al lugar.

Al contrario, fueron seguidos los procedimientos de rigor y de protección de la escena del crimen.

El miedo de los funcionarios

Tras ser cometido este crimen horrendo, el miedo ha comenzado a apoderarse de los funcionarios, que aumentarán su propia seguridad y verán, posiblemente, en cada «amigo» que se le aproxime, a un posible asesino.

Esto significa, que la política de «país seguro» auspiciada por el Gobierno va rumbo al fracaso puesto que la inseguridad ahora afecta no solo a las personas de a pie, sino a los funcionarios de más alto nivel.

Las causas del asesinato

Todavía es temprano y se desconocen las motivaciones del crimen, pero ya las redes sociales han comenzado a dar sus propias versiones, algunas que tienden a destruir la imagen de la víctima y otras, que van en el camino de construir una narrativa que salve a Jorge Mera de ser asesinado «dos veces».

Todavía se desconocen los motivos que pudo tener el «amigo de infancia» para asesinar al Ministro.

[padding right=»10%» left=»10%»]Ahora bien, independientemente de todo, lo real e imposible de contradecir, es que el miedo no solo afecta a los vecinos de los barrios pobres y de clase media, sino que ya se sentó a gusto en los despachos de los funcionarios de más alto rango.[/padding]

Esto, en sí mismo, es un golpe demoledor para la política de seguridad auspiciada por el gobierno, que no es capaz, ni siquiera, de proteger de criminales a sus propios funcionarios.