
Por Cinthia Polanco
n Santo Domingo Este hay una realidad que pocos dicen en voz alta, pero que muchos conocen: la Alcaldía no solo administra la ciudad, también fabrica carreras políticas.
A lo largo de los años, la historia se repite. Desde la gestión de Domingo Batista, pasando por Juan de los Santos, luego Jeannette Medina, Alfredo Martínez y más recientemente Manuel Jiménez, hay un patrón claro: quienes pasan por posiciones clave dentro del cabildo terminan proyectándose hacia el Congreso.
No es casualidad.
Ser asistente en la Alcaldía de Santo Domingo Este se ha convertido en una verdadera “escuela de poder”. Desde ahí se construyen relaciones, se conocen los problemas reales de la gente y, sobre todo, se tejen estructuras políticas.
Un caso que siempre se menciona es el de Deyi Féliz, quien fue asistente en la gestión de su esposo Domingo Batista. Desde esa posición, dicen muchos, comenzó a construir las bases que hoy la mantienen como diputada activa en la Circunscripción 2.
Otro ejemplo es el de Luis Henríquez, quien también dio el salto desde su cercanía con la gestión de Juancito hacia una curul en el Congreso.
Pero no todos corren con la misma suerte. El caso de Nelsido Luna, asistente en la gestión de Alfredo Martínez, es recordado como la excepción: no logró llegar al Congreso. Se comenta que tenía aspiraciones, pero el entonces alcalde ya impulsaba a su propio pupilo, su hermano Franklin Martínez, quien también buscaba una curul por la Circunscripción 3. Y en política, como muchos dicen, la sangre pesa más que el agua. Otros señalan que simplemente las circunstancias no le favorecieron.
En la gestión de Manuel Jiménez, figuras como Simanca también han formado parte de ese entorno cercano donde se construyen proyectos políticos.
Entonces surge la pregunta: ¿es la Alcaldía un trampolín seguro o una oportunidad que no todos saben aprovechar?
De los alcaldes que ha tenido Santo Domingo Este, la mayoría de sus colaboradores cercanos han logrado proyectarse. Solo uno no llegó, no aspiró y terminó fuera del escenario político, incluso radicándose en Estados Unidos.
Lo cierto es que el cabildo se ha convertido en un semillero político. Allí no solo se gestionan servicios municipales; también se forman liderazgos, se consolidan aspiraciones y se define quién tiene la capacidad de dar el siguiente paso.
Y mientras eso ocurre, la ciudadanía observa.
Porque más allá del crecimiento personal de estos actores, lo importante debería ser que esa experiencia en la Alcaldía se traduzca en mejores representantes en el Congreso, no en simples figuras que usan el cargo como escalón.
La historia sigue escribiéndose. Y en Santo Domingo Este, todo parece indicar que la próxima diputación podría estar sentada… en una oficina de la Alcaldía
