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El cese del hermano del Presidente

Por: Valentín Medrano Peña.

“Un juez, Deyvi Timoteo Peguero, dio una sentencia basada en la norma, aunada a ella, conforme con los dictados de los principios de protección a los DDHH. Y muchos, demasiados, en lugar de saludar su decisión, de sentir satisfacción y celebrar por todos, le cuestionan y condenan”. (Twit)

Un país peculiar, cuyos ciudadanos adquieren consciencia de los que son sus derechos cuando conculcados, piden auxilio para su preservación. Al margen de eso, todo el mundo es culpable si lo señala un policía o un fiscal. No merece piedad y cualquier esbozo de debido proceso a su favor encarna la posibilidad de un soborno.

Los llamados a hacer respetar la norma no la respetan. Cuestionan a quienes no transiten su curso y se nieguen a sus designios. Son dioses auto erigidos, con potestad incluso para hacer inservible o inaplicable la ley cuando no sea de su agrado, y si alguien aplica el dictado de la norma, lo mandado por el legislador, activan las hordas de manipuladores y agitadores para que minen los espíritus de los que creen en que el Dios de los procesos es la ley.

Ahí están los dueños, en parte, del Ministerio Público, premiados con su cuota política del reparto del botín del gobierno. Ah! El gobierno, no se mete en nada de eso. Gracias por los miles de millones en publicidad para amamantar a estos odiadores, estos que gritan “que no se aplique la ley”, “que no hay debido proceso salvo para los que nosotros decimos”, “coño, que esta es la parte que nos dio el Presidente y todo debe hacerse conforme a nuestro designio”.

Un juez joven, a quien solo le enseñaron en la Escuela del Poder Judicial que la ley se aplica, que el proceso tiene reglas y cuales partes si y cuales no pueden ser interpretativas, vió en la ley un artículo (241), que solo dice: “El cese procede cuando se han transcurrido los doce meses”. Intentó ver si era posible extender esos doce meses, y encontró en otro artículo (370), que puede ser llevado a dieciocho meses. Sumó y vió que habían transcurrido veintiún meses y, ante una norma que no admite interpretaciones, sancionó, muy drásticamente pienso yo, imponiendo la combinación de cinco medidas, acorde con la norma, sin quitar o añadir una coma a la misma.

Los odiadores mostraron su grado de humanidad enterrada en un lejano subsuelo, en cavernas incivilizadas. Sacaron todo lo nauseabundo que se puede albergar en un ser. Aproximaron sus almas a la condición de bestialidad, de irracional y despiadado ser, y condenaron todo.

La situación podrá ser resumida en un título para la historia futura de esta forma: “Hubo alguien que un dia me dijo que en una coyuntura de una época pasada hubo un juez que aplicó una norma y fue por ello condenado”. Inaceptable.

En similar situación ley no establece otra posibilidad que no sea ordenar un cese en las circunstancias manifiestas.

Una persona apresada, disminuida, segregada, con medida privativa de libertad ordenada, se reduce de persona a cosa. No va a ningún lugar que sus captores no dispongan, no falta a audiencia a no ser por causa de estos, no se baña cuando quiere, no se acuesta cuando quiere, no lee cuando quiere ni lo que quiere, no ve a sus hijos cuando quiere ni se comunica con ellos ni con nadie cuando quiere, no sueña cuando quiere ni lo que quiere porque también sus sueños son sueños aprisionados. De ahí que no pueda afectar el proceso en su duración, pues los aplazamientos en la etapa preparatoria no afectan la duración del plazo de investigación que está mandado por la ley, normado, y en forma alguna pueden alargar el proceso.

Decir que hay algún resquicio de posibilidad para establecer la conducta del imputado preso, cosificado, instrumentalizado, que afecte la duración del proceso en la etapa investigativa, y hasta en la preliminar, es no solo una insensatez sino una demostración de desconocimiento abismal de la norma.

El magistrado Peguero, y será objeto de otro artículo, salva la moral de un sistema claramente prevaricador, pues la norma está ahí y no le era dable mirar hacia otro lado y lavarse las manos y la culpa, como Pilatos.

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