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Con una pésima actuación, el Ministro de Salud de RD, Plutarco Arias, comete error infantil en la vacunación contra la Covid-19

COVID-19 República Dominicana

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Actualizado el: 3 marzo, 2021 - 9:49 AM (-04:00)

Por Robert Vargas
El país ha visto hace poco al Ministro de Salud de República Dominicana, Plutarco Arias, cometer un error tan infantil que podría llevar a cualquier persona a dudar del interés y la capacidad de este funcionario para conducir en toda regla la lucha contra la pandemia de la Covid-19.

Ocurrió que, en un claro exhibicionismo y de mala relaciones públicas que tiende a rayar la ridiculez extrema, durante el primer día de la vacunación contra la Covid-19, Arias se colocó una mascarilla que le cubría la boca y la nariz y luego se cubrió con una de esas batas que usan los médicos en las áreas donde es posible el contagio con algún virus o bacteria.

Con una pésima teatralidad, Arias tomó en una mano una ampolla con una dosis de la vacuna y, en la otra, una jeringuilla, la cual, acto seguido llenó con el líquido contenido en el frasco.

Todo esto lo hacía ante una multitud de cámaras de vídeo, teléfonos inteligentes, cámara fotográficas y gran cantidad de pares de ojos que seguían atentos cada movimiento de los dedos de sus manos.

Sin guantes en las manos, el ministro de Salud realiza el procedimiento para el vaciado del preparado anti Covid-19 en una jeringa.
Sin guantes en las manos, el ministro de Salud realiza el procedimiento para el vaciado del preparado anti Covid-19 en una jeringa.

A menos de un metro del funcionario, estaba sentado un oficial superior y médico al servicio de la Fuerza Aérea de República Dominicana  listo para ser la primera persona que, en este país caribeño, sería inoculado con la vacuna.

Pero, en su pésima actuación, porque de eso se trataba: actuación frente a las cámaras, Plutarco Arias olvidó un detalle pequeñísimo, pero aplastante.

Todo está consumado
Todo está consumado

El hombre olvidó cubrir sus manos con un par de guantes y, sin importar que estaba delante de las cámaras, y pretendiendo que daba un buen ejemplo y de que realizaba  una proeza, el funcionario se inclinó, le apretó una parte del brazo al oficial y, rián, le introdujo la aguja y le vació el contenido de esta.

Lo hizo así, sin guantes, exponiéndose él y exponiendo él al hombre que sería inoculado a una posible infección con una bacteria o virus.

Que eso lo haga mi cuñado, que es gallero, y “le pone inyecciones a sus gallos”, lo entiendo perfectamente. Pero que el autor de ese desliz sea al Ministro de Salud, como que sienta un mal precedente y hace dudar de su real capacidad.

Además, lo hizo en presencia del Presidente de la República.

Sin embargo, no se debe olvidar que Plutarco Arias, cuando estaba en campaña electoral, junto al hoy Director del Servicio Nacional de Salud, Mario Lama; y al hoy Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo eran parte de los paladines que se oponían a las disposiciones del gobierno anterior que intentaba contener la pandemia.

Ese mismos tres fueron los personajes que le dijeron al portal Diario Libre que:

“La tasa de letalidad se ha reducido consistentemente, estimándose al 10 de junio en un 2.62%. La tasa de positividad a la prueba se ha reducido y el incremento en el número de casos recientes está relacionado con el incremento del número de pruebas realizadas diariamente, más que de una dinámica con tendencia del crecimiento de la epidemia en sí”.

Para ellos, la pandemia ya no representaba un peligro tan grave como lo presentaba el gobierno.

Y ahora, es ese mismo Plutarco Arias quien sale a inaugurar un plan nacional de vacunación sin usar guantes.

Su mal ejemplo fue replicado por otros miembros del personal sanitario, pero, felizmente, algunos no le hicieron caso y adoptaron los protocolos de rigor protegiéndose ellos mismos y a las personas que serían inoculadas.

Así las cosas,  quizás sea necesario que Plutarco Arias se emplee a fondo para lograr que más de una persona crean en sus palabras, todo esto a partir de sus palabras y de sus hechos.

Su acción tiende a confirmar que, en algunas ocasiones, no por estar al frente de un cargo se está realmente preparado para ejercerlo.

A lo mejor es un excelente especialista en un área específica de la medicina, y lo que él hizo allí lo habría hecho mejor una enfermera.

 

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