sábado, 25 de abril de 2026
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«Esperanza frustrada: Doña Tata y la batalla diaria por sobrevivir en el mercado»

Por Cinthia Polanco

Hace más de dos meses, Doña Tata, una conocida comerciante del mercado de Los Mina, vio cómo la construcción de su caseta se detenía, a pesar de contar con todos los permisos necesarios.

La Asociación de Comerciantes, liderada por José Veras, solicitó una reunión con el secretario general del ASDE, Jesús Colón, para encontrar una solución y ubicar a Doña Tata en su espacio de venta.

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El alcalde Dioris Anselmo Astacio convocó a Doña Tata y a sus hijos a una reunión privada, pero tras la misma, ella quedó sin respuestas concretas. Según cuenta, el alcalde le vendió un «sueño», mostrándole una maqueta de un proyecto general del mercado y señalándole dónde estaría su puesto para vender verduras y vegetales.

¡Qué indignación!

Tata y su hijo regresaron a casa deslumbrados por la propuesta del alcalde, pero pocos días después, la realidad los golpeó de lleno, devolviéndolos a su cruda realidad.

La verdad es que necesita alimentar a su familia, comprar los medicamentos para su esposo enfermo, y pagar el préstamo que hizo en el banco para terminar la construcción de su caseta, que ahora está paralizada por orden del alcalde, a pesar de tener la aprobación del administrador del mercado y estar al día con los impuestos.

Doña Tata lleva más de 30 años vendiendo víveres, verduras y vegetales en ese mismo puesto del mercado, y ninguna administración anterior del ASDE la había sometido a tanta ansiedad y desesperación.

Desde entonces, los días se han vuelto interminables para su familia. Pero como dice el dicho popular, «la necesidad tiene cara de hereje».

Determinada a seguir adelante, Doña Tata, junto a su hijo, cubrió la construcción inacabada con una lona y montó unas mesetas improvisadas para continuar vendiendo sus productos, tratando de resolver poco a poco sus problemas.

Sus amigos y compañeros del mercado, movidos por la solidaridad, comenzaron a comprarle para apoyarla, conscientes de la difícil situación que enfrenta.

A pesar de la esperanza que le ofreció el alcalde, Doña Tata vive cada día con incertidumbre. La realidad, dura y aplastante, sigue siendo su compañera inseparable.