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Este vídeo del tiroteo en El Maleconcito hace una importante revelación

Por Robert Vargas
Resulta interesante que ahora la Policía Nacional se empeñe en lograr que la opinión pública se fije en la marca y el origen fusil usado en el tiroteo sangriento y mortal de El Maleconcito, donde un solo hombre puso fuera de combate a cinco oficales de la esa institución, logrando herir de gravedad a dos de ellos, uno de los cuales murió ahyer en el hospital Dr. Darío Contreras.

Desde el punto de vista de los estrategas de la comunicación oficial resulta más atractivo desviar la atención hacia el fusil y poner a la gente a pensar en si este es un M16 de fabricación estadounidense o un un Gal belga usado por la policía haitiana.

Si así lo hacen, podrían lograr que la ciudadanía no se detenga en otros detalles que son aportados por vídeos hechos por vecinos del lugar donde se produjo el tiroteo en el que finalmente murió el tirador, de quien se dice que sería uno de los participantes en el asalto al banco Popular del Ensanche Isabelita, la pasada semana.

Por ejemplo, observemos detenidamente el vídeo debajo de estas líneas, que muestra el momento exacto del inicio del tiroteo. Este documento gráfico en apariencia fue hecho por un vecino, quizás con un teléfono móvil y ha sido reproducido en las redes decenas de miles de veces.

En él se puede observar que hay, al menos, 13 agentes de policía; nueve de ellos en medio de la calle y próximo a la acera y otros cuatro sobre el techo de una vivienda.

Todos están armados, la mayoría con pistolas.

Sin embargo, y este es el punto:

¡Ninguno parece estar en estado de alerta máxima!

Eso, a pesar de que sabían que el sospechoso de cometer el ilícito estaba dotado de un arma de guerra.

El vídeo muestra que los policías que estaban en la calle se agruparon, algunos casi hombro con hombro, y los cañones de todas sus pistolas estaban hacia abajo, ninguno apuntaba hacia la vivienda.

Ese mismo «descuido» mostraban los cuatro policías que estaban sobre el techo de la vivienda, en la parte posterior.

Al parecer, no parecía que ninguno estuviera consciente de que desde el interior, por algún motivo, podrían ser abiertas las puertas del infierno.

Quizá esto motivo a que ninguno llamara refuerzos, sino hasta cinco de ellos cayeron como moscas barridos por la potencia de fuego y la determinación del tirador dentro de la vivienda.

¿Por cuáles motivos se sentían tan confiados?

Esto es algo que debe ser investigado por las autoridades en forma minuciosa.

Ese vídeo no miente, aunque los vivos sí pueden hacerlo, sean estos civiles o miembros de la fuerza policial.

Una hipótesis que ha brotado en las filas policiales es que, ciertamente, al menos uno de los oficiales superiores participante en el incidente ya habría conversado telefónicamente con el sospechoso y habría acordado con este que se entregaría, junto con el fusil y el botin o una parte del botín del robo al banco.

Esa misma versión, no oficial, apunta a que estos oficiales conocieron de la ubicación del futuro tiardor tras ser arrestado en una provincia del suroeste un sospechoso que negó tener en su poder el botín y revelar quien lo poseía.

Agrega esa versión, que oficiales investigadores de aquella provincia se habrían puesto en contacto con sus colegas de la capital para darle detalles y comunicarse con él telefónicamente «mediante un maquito».

Es posible que en esa conversación llegaran al acuerdo de la entrega voluntaria.

Pero algo salió mal en el último momento y los demonios salieron.

¿Qué fue lo que salió mal?

Hay distintas hipótesis, pero la más socorrida es la de que el oficial que había coordinado la entrega del sospechoso y del botin previamente coordinó con este que iría acompañado de uno o dos policías, no de 12.

Sería en esas circunstancias que el tirador cuestiona al oficial en una llamada al «maquito» de este sobre la violación del presunto «acuerdo», y el oficial le respondió en forma agria:

-«¡Haz lo que te de la gana!».

Al dar esta supuesta respuesta, el oficial desconocía la determinación del invididuo, que tenía los órganos genitales destrozados por una grave enfermedad y que, por tanto, no le importaba morir o, simplemente, la muerte lo liberaría de más dolores y vergüenzas.

Sería en esas circunstancias que Bobea, que así le decía al tirador, los barrió a todos con facilidad extrema porque estaban juntos, agrupados y descuidados y él en posesión de un poderoso fusil.

Tres cayeron en el acto con la cabeza perforadas por las balas del fusil (de la marca y procedencia que sea). Otros dos con heridas en otras partes del cuerpo y un sexto lesionado en el hombro cuando corrió para salvar su vida.

Solo entonces, quienes participaron en esa operación de dudosa legalidad, llamaron refuerzos.

Fuentes del Ministerio Público han confirmado a Ciudad Oriental que se enteraron de lo sucedido cuando brotaron las noticias del tiroteo y de los heridos.

Peor aún, los superiores de quienes actuaron desconocían de lo que sucedía en Katanga, de Los Mina, no del Distrito Nacional, como dijo inicialmente la PN.

Los oficiales que harían el allanamiento en El Maleconcito no estaban acompañados por el Ministerio Público

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