
Por Carlos Rodríguez
a historia reciente de nuestra nación parece una bocina 🔈 en volumen bajo y lejano ( parece temerle a los quita bocinas 📢 de anti ruido) ya que los principios que cimentaron nuestra identidad. La enseñanza de «Moral y Cívica» durante el gobierno de Juan Bosch y sus discípulos no solo nos formó como ciudadanos conscientes, valientes y disciplinados sino que también cultivó un profundo respeto por nuestros símbolos patrios. Hoy, ante la omisión de esos valores en la educación y la gestión pública, nos encontramos ante una realidad alarmante: la bandera, el escudo, y el mismo concepto de patria han perdido su significado en manos de un liderazgo que parece ignorar su importancia.
El reciente operativo en Friusa, en respuesta a una marcha ultranacionalista, refleja una preocupación legítima por la soberanía, pero también pone de relieve y deja en evidencia a los farsantes del PRM y al mismo presidente Luis Abinader ya que el uso del patriotismo como un artilugio político. El despliegue militar y policial, con un ministro de Defensa que evoca reminiscencias de una lucha territorial, se convierte en un espectáculo que no sabemos si pretenden desviar la atención a los enormes problemas del país o si es para apaciguar a un pueblo inquieto. Sin embargo, la respuesta no puede ser simplemente armada, sino que debe fundamentarse en la educación y el fortalecimiento de nuestra identidad nacional.
Es irónico ver cómo el gobierno, del PRM encabezado por Luis Abinader, ha dado pasos para distanciarse de nuestros símbolos patrios, incluso llegando a eliminar el escudo nacional de la iconografía oficial. Este desprecio hacia nuestras tradiciones y valores no solo desdibuja nuestra historia, sino que también fomenta un vacío en el que prosperan la desinformación y la división. ¿Por qué permitir que la falta de un sentido cívico nos despoje de nuestra integridad territorial, mientras se malgasta una fortuna en un muro fronterizo que ratifica la ineptitud de nuestra política migratoria?
Es momento de recuperar el legado de Juan Bosch y el ideal de completar la obra de Duarte. La lucha por nuestra soberanía no puede reducirse a gritos en las calles, ni puede ser manipulada por oportunistas que buscan ganar protagonismo a costa del miedo. Necesitamos un llamado a la unidad nacional, basado en la educación cívica, el respeto y el orgullo por lo que somos. La patria merece ser defendida no solo con palabras, sino con acciones que fortalezcan nuestros valores y principios. ¡Es hora de despertar el verdadero patriotismo que nos una como nación!
