
La política no es la pelota
Por Wilson Collado
En República Dominicana, si hay algo que une a la gente desde el colmado del barrio hasta la mesa familiar de Navidad, es la pelota. Da igual si eres de Santiago o de San Pedro, si eres liceísta o aguilucho: todos sabemos batear opiniones sobre un pitcheo malo, sobre por qué el manager debió sacar al abridor en la quinta entrada o por qué el árbitro “le regaló” el juego al otro equipo. Y hablamos con una seguridad que asusta. El problema empieza cuando esa misma seguridad la trasladamos a la política.
“La política no es la pelota” debería ser un refrán nacional, pero en vez de repetirlo, hacemos todo lo contrario: tratamos la política como si fuera un partido de béisbol. Y ahí está el peligro.
En la pelota, tú ves el juego completo. Ves la bola salir del brazo del pitcher, ves si el bateador le hizo swing o si se quedó mirando, ves al ampáyer señalar strike o bola. Tienes toda la información en tiempo real, en alta definición, con repetición lenta y comentario de Franklin Mirabal. Por eso todo el mundo opina y casi todo el mundo tiene razón en algo. En política no funciona así.
En política tú ves solo el pedacito que te muestran. Lees el titular del periódico que te cae más simpático, ves el video cortao’ que te mandan por WhatsApp, escuchas al comentarista que confirma lo que ya pensabas y listo: ya eres experto en macroeconomía, reforma fiscal y relaciones internacionales. De repente, el que ayer no sabía diferenciar un bono soberano de un bono del Club Naco, hoy te explica por qué el déficit fiscal es culpa de “esos ladrones de siempre”.
Es el mismo tipo que te dice en el colmado: “¡Ese lanzador no sirve! ¡Sácalo ya!”. Y tiene razón, porque vio el juego. Pero ese mismo tipo te dice después: “¡Hay que botar a este gobierno!” sin haber leído nunca el Presupuesto Nacional, sin saber cuánto cuesta realmente la TSS, sin entender que el mundo no se mueve con pasión de fanático sino con números, leyes y acuerdos que no caben en un meme.
En la pelota, el equipo que pierde hoy puede ganar mañana. Hay revancha en la serie regular, en los round robin, en la final. En política no. Las decisiones que se toman hoy te afectan la luz, el agua, la escuela de tus hijos y el hospital donde lleva a tu mamá por los próximos cuatro, ocho o doce años. Aquí no hay “el próximo inning”. Aquí no vale “ya veremos en la próxima temporada”.
En la pelota tú puedes gritarle al televisor y no pasa nada. En política, cuando gritas sin saber, le terminas haciendo el juego sucio a alguien que sí sabe y que sí quiere que tú sigas gritando en vez de entendiendo.
Por eso, la próxima vez que te sientas tentado a opinar de política con la misma ligereza con la que dices que Yoshinobu Yamamoto todavía tiene brazo para un inning, párate un segundo y pregúntate:
¿Yo vi el juego completo o me están pasando solo el clip del jonrón?
Porque en la pelota, equivocarte de opinión te cuesta una discusión acalorada y par de cervezas bien frías, en política, equivocarte te puede costar el país, y el país, no es Lidom. Aquí no hay temporada muerta.