
Por William Perdomo
Ya adentrados en el año 2024, se cumplirán 15 años desde la última temporada (2009) en Grandes Ligas del lanzador que registró el mayor punto culminante álgido entre todos sus iguales en la historia de ese pasatiempo: el dominicano Pedro Martínez.
Con tal motivo, examinamos las estadísticas de las trayectorias de los pitchers más destacados de todos los tiempos y, al contrastarlas con las de Pedro, constatamos que el nativo de Manoguayabo tuvo ciertamente la cúspide más elevada en comparación a todos sus pares.
El pináculo alcanzado por Martínez eclipsa incluso al mejor momento cumbre de leyendas de inicios del siglo XX como Cy Young, Walter Johnson, Christy Mathewson, Grover Alexander y Lefty Grove.
Así también, su fastigio sobrepasa el de luminarias de mediados de esa centuria, tales como Bob Feller, Warren Spahn, Sandy Kouffax, Juan Marichal, Bob Gibson y Steve Carlton.
De igual forma, la gloria del apogeo del criollo opaca la alcanzada por monstruos más contemporáneos que los mencionados anteriormente, entre ellos Nolan Ryan, Greg Maddux, Roger Clemens, Randy Johnson y Clayton Kershaw.
El inmortal Pedro Martínez, quien fue elegido al Salón de la Fama de Cooperstown en 2015, militó en Grandes Ligas desde 1992 hasta 2009, pero la cima de su carrera se ubicó entre las campañas de 1997 al 2003,
(la del 1997 con los Expos de Montreal y el resto de las otras seis con los Medias Rojas de Boston).
A continuación las estadísticas de Pedro Martínez en el lapso de 1997-2003, donde alcanzó un pináculo de dominio nunca antes jamás visto en la historia de las Grandes Ligas para pitcher alguno.

Esas siete temporadas de su mejor momento coincidieron con la ofensiva más prolífica jamás presenciada en la historia de las Mayores. Fue la era de oro del uso de esteroides.
En ese periodo, los bateadores despacharon 50 o más cuadrangulares en 15 ocasiones; en seis oportunidades conectaron 60 o más (Sammy Sosa en tres, Mark McGwire dos y Barry Bonds una); y en un par de campañas llegaron a 70 vuelacercas (McGwire y Bonds, una vez respectivamente).
Sin embargo, esto no supuso un impedimento para que Pedro sometiera a los bateadores.
Durante esa fase de su trayectoria, el criollo registró una efectividad de 2.20, mientras que el promedio colectivo en MLB fue de 4.48.
Entre los 25 y 31 años de edad, el dominicano limitó a la oposición a un raquítico average de .198, cuando la media global se situó en .267.
Asimismo, la gran carpa permitió 4.84 anotaciones por encuentro, versus apenas 2.52 del hermano menor del otrora pitcher ligamayorista Ramón Martínez.
En el lapso 1997-2003, «Pedro El Grande» justificó con creces cada peso de su salario (US$76 millones), cosechando 118 triunfos por sólo 36 traspiés,(el promedio por temporada de ese ciclo fue de 17 ganados y 5 perdidos) para una efectividad de 2.20.
En ese periodo tiró 1,408 innings (20 por temporadas), permitió 344 carreras limpias (49 por campañas), 315 boletos (45 prom/temp), 1, 761 ponches (252 prom/temp) y 11 blanqueadas.
El dominio absoluto del pequeño tirador de 5′ 9″ de estatura se debió en gran medida a sus «agallas» y a un tremendo arsenal de su repertorio de pitcheos, donde incluía una recta con «cola» entre 96-98 mph, un cambio en círculo y una curva mortífera.
En la cumbre de su carrera obtuvo tres premios Cy Young (1997, 1999 y 2000), una Triple Corona de Pitcheo, cinco convocatorias al Juego de Estrellas (MVP en 1999), así como lideratos en WHIP, WAR y ponches/boletos otorgados.
Los indicadores cibermétricos refrendan que Pedro registró la cima más portentosa entre lanzadores algunos alcanzada en la historia.
Su efectividad relativa ajustada (ERA+) de 213 en ese periodo denota que fue 113% superior respecto al resto de sus semejantes.
La (ERA+ Ajustada), «ajusta» el promedio de carreras limpias de un lanzador al de la liga (MLB), su estadio y su época.
La mejor ERA+ Ajustada de la historia en una temporada fue la que alcanzó Martínez en el año 2000 con una astronómica 291, y afirma que fue 191% superior que todos los pitchers en esa temporada en la MLB.
De las 18 temporadas en las que Pedro Martínez jugó en Grandes Ligas, en 14 de ellas la MLB registró los niveles más altos de carreras anotadas en toda su historia.
Es decir, durante la mayor parte de la carrera de Martínez, la ofensiva en las Grandes Ligas bateó a un ritmo récord y anotó una extraordinaria cantidad de carreras. Sin embargo, ni siquiera ese contexto de ofensivas explosivas impidió que el lanzador dominicano brillara y alcanzará la gloria en el montículo.
La Major League Baseball registró la mayor cantidad de carreras anotadas en su historia en el año 2000, con 24.971. La segunda mayor marca ocurrió en la campaña anterior (1999), con 24.691. Sumadas, estas dos temporadas totalizaron 49.662 carreras.
Sin embargo, en ese mismo periodo de dos años, Pedro Martínez permitió apenas 91 carreras, para una efectividad de 1.90, frente al promedio colectivo de 5.11 de todo el pitcheo de Grandes Ligas.
Asimismo, entre 1999 y 2000 el criollo ganó 41 juegos y perdió sólo 10, con una efectividad relativa ajustada (ERA+) de 265. Sus adversarios le batearon para un exiguo promedio de .186 en esas dos temporadas.
Sus números de ese par de campañas fueron deslumbrantes: WHIP de 0.830, 21.5 de WAR y 12.5 ponches por cada 9 entradas lanzadas.
En ese extraordinario periodo, en el tránsito del segundo al tercer milenio de la era cristiana, Pedro Martínez alcanzó la gloria eterna en los altares del Olimpo beisbolero.
Tocó literalmente las puertas del cielo, cual San Pedro celestial, para consagrarse como el lanzador con la cúspide más sublime entre todos los inmortales «dioses sagrados» que han poblado el montículo a lo largo de la historia.
Su grandeza sin par en ese lapso le garantizó un sitial de honor entre los pitchers más excelsos por los siglos de los siglos…¡Amén!!!.
