
Tengo un buen amigo llamado Harrison Feliz. Fue mi compañero de estudios en la Universidad Autonoma de Santo Domingo donde era imposible no notarle pues exhibía una gran capacidad de aprendizaje, buena formación, ahínco estudiantil y calidad escritoral, por lo que fue denominado por los demás compañeros de la facultad de leyes como El Poeta.
Harrison y yo, lo mismo que la casi totalidad de los demás coetáneos en la facultad, construimos una sólida amistad, que incluso ha resistido las coincidencias y disidencias en todos los planos.
Recientemente escribí un artículo respecto a la necesidad de una ley de extinción de dominio y he asumido, tanto en artículos como en entrevistas, una posición distante del gobierno respecto a la posible instauración de un Ministerio Público Independiente, lo que de alguna forma distó del criterio de mi querido amigo, y le prometí y ahora cumplo, manifestar algunas preocupaciones al respecto de estos dos engaños.
He externado muchos criterios en el discurrir de los años respecto a muchas cosas, y cuando facebook me trae recuerdos de posiciones asumidas hace ocho o diez años me convenzo a mi mismo de que he cambiado muy poco o nada en mis posiciones públicas.
Y espero que dentro de algunos años, vista la realidad de la debilidad institucional que acusamos, las redes recuerden lo que afirmo aquí y como lo he hecho en otros espacios, quizá no esté vivo para leerlo o haya sido reducido a un martirilogio por la asunción de estas posiciones en tiempos de desgarantias.
Afirmo: “El Ministerio Público Independiente y la ley de extinción de dominio son los dos elementos esenciales para aniquilar la democracia como la conocemos”.
Luego de lo que resulta una nefasta afirmación para los alabarderos de estas vainas, quienes se ceban del desconocimiento abismal de las grandes mayorías y de los niveles educativos que impiden aveces un razonamiento colectivo que permita descartar esas aberraciones y tenerlas como salvaciones de un problema que resulta minúsculo respecto al potencial daño que puede y va a ocasionar.
En México y Colombia con sus narcozonas y guerrillas aposentadas y adueñadas de grandes extensiones de zonas selváticas y hasta de poblaciones, se requería este remedio que ahora para ellos también resulta aberrante. Empero este tema fue abordado en un escrito anterior.
Mientras que en Peru, el mejor ejemplo de Ministerio Público Independiente, del que se tiene sospecha que obra independiente de los poderes internos pero narigoneado por poderes extranjeros, esta figura jurídica ha asesinado la estabilidad en el ejercicio de la administración pública. Varios mandatarios, algunos en el ejercicio del poder han sido traducido a la justicia, lo que parecería lindo, siempre que sea para los aún indios pueblos latinoamericanos que procuran sus cuentas de vidrios, porque en todos los países que se precian de serlo, estos protegen y alientan la alternabilidad en el poder por vía electoral y el cumplimiento del periodo gubernamental, lo que no ha ocurrido en Peru.
De imponerse por la testarudez y sinrazón de sus proponentes esta ignominia, tendremos que escoger como procurador no a un abogado o fiscal de carrera sino a un verdadero estadista, pues en sus manos estará la democracia y la paz social, marginándonos, como lo hemos estado por los últimos sesenta años de conflagraciones bélicas intestinas.
Y es que un procurador con calenturienta mente y apetencias de poder podría un día cualquiera, con la sola intención de investigar por ejemplo lo relativo al gasto en vacuna y las razones de que cientos de miles se dañaran, podría con una acción procesal traducir a prisión a un Presidente y a una vicepresidenta, zozobrándo así a la democracia.
Esta palabra, democracia, con todo lo que significa, ha costado demasiado como para poner en manos de una sola persona, con no se sabe cuales compromisos, su posibilidad de mantenimiento, su existencialidad. Los gobiernos se derrocan con los votos, y la minoría debe seguir subordinándose, con respeto de sus derechos y garantías, a la mayoría.
La opción es ser un Peru, dicho con mucho respeto para nuestra nación hermana, o ser una República Dominicana que ha sido ejemplo de estabilidad democrática en las américas y el mundo. No hay otra probabilidad.
