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A este oficial militar se le «perdió» el funcionario al que cuidaba + Vídeo

Por Robert  Vargas
Después de que al ex ministro de Medio Ambiente, Orlando Jorge Mera, «un amigo» le descerrajó varios balazos que acabaron con su vida, a los militares que tienen a su cargo la responsabilidad de cuidar a los funcionarios, afrontan mayores dificultades para realizar su labor.

Eso lo vimos la semana pasada cuando a un oficial militar superior «se le perdió» el funcionario al que cuidaba y durante un tiempo considerable desconoció el lugar exacto en el que este estaba y quienes lo rodeaban.

Fue un momento difícil y Ciudad Oriental lo captó casi en forma accidental.

Ocurre que, la semana pasada, recibimos una llamada telefónica en la que un prominente dirigente político oficialista nos informaba de que decenas de perremeístas se reunirían en el local de campaña que tiene el Partido Revolucionario Moderno en la avenida Sabana Larga.

-«Ve temprano para que busques una buena posición. Ahí puede suceder cualquier cosa».

Su explicación me dio a entender de inmediato que allí podía ocurrir «cualquier cosa», golpes o balaceras incluidas.

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Por tal motivo, tratándose de un salón que tiene una sola puerta, que a la vez es entrada y salida, me cuidé de «no llegar primero», sino un poco más tarde cuando la actividad estaba a punto de iniciar y me coloqué próximo a la única puerta de salida, por si acaso.

El líder del encuentro era Manuel Jiménez, el alcalde de SDE, Estaban presentes varios funcionarios.

Cuando llegué, junto a la puerta de entrada (que es también la de salida) estaba de pie y atento un oficial superior militar que es quien cuida la seguridad de cierto funcionario.

Él no podía, ni debía, ingresar al salón donde se desarrollaba la actividad de carácter puramente político.

Por tanto, se mantuvo fuera, «atento y pendenciero», como dicen en el argot policial.

El hombre a quien él cuidaba, ingresó al salón repleto de dirigentes políticos.

En algún momento, durante el desarrollo de la actividad, se produjo un corte de electricidad y el interior se iluminó con las luces de los teléfonos celulares.

Eso significa que, si el militar antes no veía al funcionario que cuidaba, en estas circunstancias lo vería menos.

O sea, no existía entre ellos ningún contacto visual y allí dentro podía ocurrir «cualquier cosa». Felizmente, todo transcurrió en calma.

Poco después todos comenzaron a salir por la única puerta y el militar se colocó a un lado, como el fiel perro que espera la salida de su amo.

Salieron, uno, dos, tres, cuatro, cinco…. decenas, y nada de aparecer quien a él le interesaba.

En un momento determinado, intentó asomar su cabeza hacia la puerta, pero rápidamente desistió.

No sabía dónde estaba el funcionario que él debería cuidar. Solo que estaba allí dentro. Pero desconocía si estaba vivo o muerto.

Durante casi unos 40 minutos no hubo contacto visual entre el oficial y el funcionario.

En la actualidad, en estos actos políticos y masivos, la situación es cada vez más incierta y peligrosa y luce que debe existir una mejor coordinación entre los funcionarios y su seguridad, antes de que una bala o un puñal acabe con la vida de otra personal de alto persona de alto perfil, como ya ocurrió con Juan de los Santos y Orlando Jorge Mera.

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