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El derecho y los equipos favoritos de la pelota

La conciencia del debido proceso, medios de comunicaciones, redes sociales, poder punitivo y equipos de pelota.

Por: Valentín Medrano Peña

“Quien consume el derecho penal desde su casa u oficina, quien lo analiza a partir de los noticieros, quien lo recibe desde los medios de comunicaciones, quien lo opina y recibe opiniones por vía de las redes sociales solo aspira a que el desenlace final sea la prisión. Populismo”. (Twit).

El derecho penal es una respuesta a los delitos y los crímenes, es la consecuencia social y legal dada a los mismos. En modo alguno puede entenderse como causa de la criminalidad o factor de fomento de la misma.

El derecho penal es el acto-reflejo social que responde al estímulo que produce el daño causal del delito, y no hay forma de que sea preventivo, pues para que este responda debe haberse definido en un acto algún delito (causa) para que el aparato represivo se active y dé respuesta a este (consecuencia).

El derecho penal es un límite al poder punitivo, pues entre sus elementos conformantes hay principios de índoles constitucionales que representan, en el papel, muros de contenciones para la arbitrariedad y que amparan al ser humano como esencia de la sociedad y hasta de la cristiandad. El hombre es el fin último de toda noble procura.

Más, resulta inaudito que los miembros de una sociedad que se llame mínimamente civilizada, acudan y vean al proceso penal como un espectáculo donde escogen desde el principio a un favorito, a un objetivo, que cuenta además con tener en contra a todos los legisladores, el poder punitivo oficial representado por el Ejecutivo, decenas de miles de policías y militares de la nación y con las agencias internacionales policiacas, medios de comunicaciones, víctimas, entre muchos otros, contra un solo individuo, el denominado imputado, quien solo tiene de su parte a la ley y los límites constitucionales al abuso.

Cuando el resultado final es contrario a la condena se alborotan sensibilidades de las fibras sociales comprometidas, tristezas e incomprensiones que responden con ataques al resultado.

Para el consumidor del derecho penal a través de los medios la peor afrenta es la declaratoria de inocencia, pues sus expectativas de prisión, al obtenerse, logran el símil de un triunfo de su equipo favorito de la pelota. ¡Ganó el Licey!!!

El consumidor pasivo del proceso penal no sabe de presunción de inocencia, de legalidad del mismo, de cosas juzgadas, doble incriminación, debido proceso y cuantos límites plantea la Constitución para salvaguarda de los derechos humanos, pero aplaude emocionado cuando se obtiene una condena sin importar si se han respetado estos límites.

No sabe que cada vez que se desconocen los mismos, que se irrespetan los límites principiológicos a los abusos, aún sea para desfavorecer a un ser despreciable, se afila una guillotina para garganta propia, pues como dijera un miembro de uno de los grupos de abogados en WhatApp, donde ese imputado compró seguirán vendiendo.

La gente no suele entender de debido proceso y de ello se ceban los cuerpos represivos para saltar la barda de lo indebido, construyendo un espectro cada vez más delicado y peligrosista de un hombre cada vez más intervenido, limitado, sesgado y menos libre. Un hombre cada vez más víctima del poder.

En tanto, en unos pocos, aflora la necesaria consciencia colectiva de auto preservación ante un poder punitivo inconsciente y uno judicial cómplice, y aveces más extremo. Y teniendo la firme idea y convicción de que hay que seguir jugando, con la expectativa de que el público, el pueblo, el ciudadano pueda llegar a apreciar cual es su verdadero equipo, quien en realidad lucha por ellos y sus derechos e identificar al ejercicio del derecho penal del enemigo, enemigo que termina siendo tú. ¡Perdieron las Aguilas!!!

Para el liceista la frase anterior quizá tenga más sabor que la que le produce su propio triunfo. Eso es solo fanatismo. El que también representa preferencia por el mal ajeno en relación al bienestar propio.

En la pelota quizá sea aceptable, prefiero pensar que en ningún estadio deba ser así. Pero en definitiva hay un equipo que juega por y para todos. No siempre es bien visto o bien entendido y muchos sucumben ante el poder, se vencen. Sin embargo muchos resisten, batallan e igual morirán, pero con diferente sentido del deber y satisfacción.

¿Cuál es tu equipo?

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