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El presidente Abinader vuelve a dar tumbos en otra de sus decisiones de estado y se muestra vacilante

Por Robert Vargas
El presidente de la República, Luis Abinader, ha vuelto a dar tumbos en otra de sus decisiones de estado y, de paso, se ha mostrado vacilante y sin claridad de objetivos en medio de la pandemia del nuevo coronavirus, que mantiene de rodillas al país desde marzo pasado.

En esta ocasión, Abinader ha dado un duro golpe a uno de sus decretos de apenas la semana pasada, mediante el que radicalizó las restricciones de circulación y de reuniones en todo el país con la esperanza de contener los contagios por el coronavirus y frenar de una vez y por todas las muertes por la Covid-19.

El Jefe del Estado, en una acción sorpresiva, derogó hoy el artículo 10 del Decreto núm. 740-20 del 30 de diciembre de 2020, que disponía  el cese de actividades de las diferentes iglesias o denominaciones
religiosas de todo tipo.

Tras derogar esa decisión, Abinader decidió permitir la apertura y celebración de actividades de las diferentes iglesias y otras denominaciones religiosas, las cuales podrán realizarse tres veces a la semana, guardando los horarios establecidos para el toque de queda y acatando los protocolos generales y sectoriales vigentes contra la COVlD-19.

Abinader, en este caso, no parece estar enterado que no se trata de un asunto de creencia o no en Dios, sino que es un asunto de crisis sanitaria que afecta a todos.

Lo hizo, mientras mantiene cerrados todos los parques, malecones y otros centros de esparcimientos con el propósito de contener la pandemia.

Abinader también ha decidido que se mantengan cerrados los drinks, discotecas y restaurantes, mientras anima a la población a ir de vacaciones a los centros turísticos y permite las aglomeraciones masivas de personas en las agencias bancarias y los supermercados.

El gobierno está consciente de que en República Dominicana los denominados “protocolos sanitarios”  son incumplidos, incluso por los miembros de las sectas religiosas, los turistas, los clientes de los colmadones, drinks, discotecas, agencias bancarias y supermercados.

Incluso, el gobierno admite la concentración masiva de pasajeros en el Metro de Santo Domingo y demás vehículos de transporte público, mientras arresta a ciudadanos que asisten a bodas, como ocurrió en La Vega; o que son sorprendidos violando el toque de queda durante las noches.

Abinader parece olvidar, o desconocer, que dos de los gobiernos del hemisferio occidental respaldados activamente por los evangélicos terminaron sumergidos en dos verdaderos desastres sanitarios.

Son estos Estados Unidos y Brasil, donde sus dos presidentes cuentan con el respaldo de los evangélicos, quienes llegan a creer que se está a las puertas “del fin del mundo” y, por lo tanto, se saltan todos los protocolos sanitarios.

Mientras Abinader da la orden de que sean admitidos los actos religiosos, también parece desconocer que Alemania, un país desarrollado, del denominado primer mundo, ha radicalizado las medidas de confinamientos hasta el día 31 de enero.

Son tan drásticas las disposiciones adelantadas por las autoridades alemanas que, hasta ese día, no se admitirá que ninguna  vivienda sea visitada por más de una persona que no resida en ella.

Todo lo hacen ante el dramático aumento de los contagios por el nuevo coronavirus.

En una clara señal de incongruencia gubernamental, Abinader mantendrá la educación a distancia, pero permitirá las reuniones en las iglesias

Mientras tanto, en República Dominicana, el pastor evangélico Dío Astacio, quien es un funcionario estatal, y amigo entrañable de este portal, ha reaccionado regocijado porque Abinader ha reculado y ha ordenado que se permita a todas las denominaciones religiosas se reúnan no más de tres veces a la semana en sus iglesias.

El presidente parece que ha olvidado que él fue electo no para gobernar a favor de los sectores fácticos, sino para todo el país.

Cuando el sistema de salud colapse en su totalidad, el gobierno no tendrá que ir muy lejos para encontrar culpables.

Junto a él deben estar los expertos que le digan los pro y los contra de cualquier medida antes de adoptar una postura definitiva.

Aunque, pensándolo bien, varios de los principales funcionarios actuales del sistema sanitario llegaron a negar la peligrosidad de la pandemia, y al menos uno afirmó a voz en cuello que “aquí no ha covid que resista” el calor del pavimento en República Dominicana.

 

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