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La ADP hace una certera apuesta por la vida y la salud de sus socios y la de todos sus alumnos y sus familiares

Por Robert Vargas
-«La policía debe matarlo para que no siga haciendo vagabunderías, ni cometiendo más robos y abusos».

Se trata esta de una expresión frecuente escuchada en cualquier entorno cuando alguien está hastiado de las fechorías que comete algún presunto delincuente.

La solución que proponen es fácil «que la Policía los mate».

La pregunta que sigue a esto es: «¿Porqué no vas y lo matas tú?».

Y sigue la reacción «Lo que pasa es que tú te opones a que la Policía lo mate porque estas de acuerdo con esos delincuentes»….. y mucho bla, bla. bla.

¿Qué le sucede al policía que se cree la película y va y mata al facineroso?

Sencillo, lo arrestan, lo imputan de cargos por asesinato, va a prisión a cumplir largas condenas y dejará a su familia pasando hambre.

Más de 10 mil maestros están contagiados con Covid-19; ADP reitera llamado a no acudir a clases presenciales

Pocos días después, nadie lo recordará, pero sus hijos, esposa, novia o padres estarán sufriendo su ausencia, pero quien animaba a cometer el asesinato seguirá su vida alegre sin tener ningún tipo de sufrimiento.

Les cuento eso porque ahora veo por ahí a una multitud de personas que se han lanzado contra la Asociación Dominicana de Profesores por la decisión de su Comité Ejecutivo Nacional de posponer el regreso a clases presenciales hasta tanto esté más clara la situación de la grave crisis sanitaria que afecta al país.

Como la mayoría de los maestros han acogido la directriz de su gremio, entonces no han faltado quienes se han dedicado a tachar de «vagos» a los profesores.

También a decirles «ineptos» y todo tipo de insultos humillantes que se les ocurra.

Pero, resulta que esos «vagos», «ineptos» e «inútiles» fueron los mismos que aportaron sus conocimientos y sacrificios para sentar en ellos las bases de sus futuras profesiones.

Me pregunto, ¿Por cuáles motivos los críticos de los maestros no van ellos a las universidades a estudiar la carrera de Educación y luego optan por un puesto de trabajo en una escuela pública o privada?

Claro, esta opción no les agradará puesto que ven cada día cómo cualquier secretaria de banco comercial o estudiante de las TICs lucen con más brillo en la piel y en la ropa que las maestras y maestros.

Los críticos de los maestros no quieren para ellos la «suerte» de estos.

Si están preocupados por la suerte de sus hijos y del resto de la niñez y la juventud, ¿Porqué no van a estudiar la carrera de Educación?

-«No, eso no es  lo mío. Mejor que lo haga otro», responderán.

No hay nada que más agrade a los maestros y maestras que acompañar a sus alumnos y alumnas en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Pero, a quienes primeros deben querer los docentes es a ellos mismos. Si no se quieren a sí mismo, ¿Cómo podrán amar a sus alumnos y alumnas?

Y si el personal docente de las escuelas públicas ha acatado el llamado de su gremio para que no se presenten a las clases presenciales hasta el próximo 31 de enero es por la sencilla razón de que todos quieren seguir vivos;  todos temen contagiarse con el nuevo coronavirus y, eventualmente, contraer la Covid-19.

Apenas hoy, en el hospital infantil Robert Read Cabral han informado de que ya no tienen camas para ingresar más pacientes por Covid-19.

Y, que conste, los pacientes de ese hospital son todos menores de edad.

No solo eso, sino que el Ministerio de Salud Pública informó en su boletín número 665 que en las 24 horas previas había registrado 5,953 casos positivos a la Covid-19 y que la positividad diaria era de 38.46%.

O sea, que la situación es realmente grave con personas contagiadas de Covid-19 por todas partes.

Así las cosas, sería interesante observar lo que ocurriría en las escuelas.

Cuando lleguen  los niños y niñas a las aulas, todos se pondrán en contacto entre ellos, y todos juntos, con los maestros y maestras.

El Ministerio de Educación ha hablado de adoptar disposiciones de «bioseguridad».  Se lo ha dicho a un país donde los teteos, los juegos de pelota en el «play», las fiestas en las discotecas, los conciertos masivos y la «batalla de la fe», entre otros, han hecho lo que le da la gana en las mismas narices de las autoridades.

Así, es seguro que más maestros y maestras se enfermarán de Covid-19; los hospitales se abrumarán con más demandas de servicios sanitarios para los niños y niñas y los gastos por medicinas se dispararán.

Si los maestros y maestras cerraran sus oídos a las orientaciones de su gremio, es bastante posible que en poco tiempo todos ellos se estén lamentando y, posiblemente, tendrán que escuchar a ciertos fanáticos atacándolos cuando no puedan evitar que los niños, como tales, se reúnan en grupos a jugar con el riesgo de propagar la enfermedad.

Por tanto, sin importar lo que digan en las redes, resulta correcto de parte de la dirección de la ADP cuidar de la salud de sus socios, la de los alumnos, del personal administrativo y la de la familia de todos.

Yo, por mi parte, prefiero que ninguno de mis nietos sean enviados a las clases presenciales. Los quiero a todos vivos y sanos.

Claro, se que voy contra corriente, puesto que al mercado solo le interesan las ganancias.

¡Ah! Me olvidaba comentarles

En las redes sociales he visto una multitud de fanáticos atribuyéndole al Partido de la Liberación Dominicana presuntas intenciones de boicotear el año escolar por ser el presidente de la ADP dirigente de esa organización.

Quienes lanzan esa acusación pretenden que todos los dominicanos somos estúpidos.

Eduardo Hidalgo, al hacer al llamado a los maestros para que no vayan a las clases presenciales, no lo hizo a título personal, sino a nombre de la ADP.

Las decisiones allí son adoptadas por la mayoría del Comité Ejecutivo Nacional y en este están representados todos los partidos políticos que fueron a sus elecciones.

Me refiero al PLD, al PRM, PCT, a la FP y al PRD.

Lo que sucede es que quien da la cara es el Presidente de la ADP, Hidalgo,.

Los demás dirigentes más sonoros, van a esas reuniones y adoptan los acuerdos, pero luego envían a las ruedas de prensa a otros de menor nombradía para estar bien con todos.

En otras palabras, el llamado de la ADP no ha sido una decisión de Eduardo Hidalgo, sino de todas las corrientes que participan en el gremio.

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