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La conciencia como esencia de la educación y arma del progreso

Por José Vásquez
Desde que hago uso de la razón, he oído hablar de la educación como arma transformadora y liberadora, social e individualmente. Pero ¿qué tipo de educación tiene carácter emancipador, libertador y por consiguiente transformador de las personas y de los pueblos?

La respuesta a ésta interrogante se halla íntimamente articulada a la experiencia  inversa, que resulta del modelo de educación dominante en la República Dominicana, desde su fundación como Estado hasta el presente, salvo un breve interregno en que asomaron las ideas pedagógicas hostosianas. La filosofía educativa de Eugenio maría de Hostos tuvo por fundamento el laicismo, consistente en la libertad de credo religioso del alumnado, que así quedaba libre de las interferencias y pautas de la religión, como primordial mecanismo de colonización espiritual desde el ámbito oficial, y que fue una de las  herencias de la conquista española.

De modo que, el carácter doctrinario y domesticador del modelo educativo tradicional, se impuso contra la racionalidad implícita y explícita, en la visión del maestro mayagüezano. Su tentativa de liberalización de la educación muy pronto fue barrida por el autoritarismo lilisista representante de las ideas más conservadoras de la clase dominante, que viendo en ellas peligrosas amenazas contra el anacrónico sistema adoctrinador, que da sustento a la opresión social, las proscribió.

En contraste, basta observar, cómo pueblos con historia y cultura similares a las nuestras, han probado que es netamente posible convertir la educación en una verdadera arma contra las injusticias, la opresión, la desigualdad y la inequidad de toda índole, si está motorizada por principios y valores atados a los intereses de las mayorías populares. Un ejemplo de tal modelo lo representa en América, Cuba y en alguna medida Costa Rica, debido a razones históricas particulares.

Educar es enseñar a pensar, a razonar; a discernir entre la verdad y la mentira; entre la fantasía y la realidad; entre el ser el parecer. La educación, articulada a una plena conciencia de lo que conviene y lo que contraviene al, tiene en su esencia el germen de la duda, del cuestionamiento; por tanto quien ha sido educado sobre la base de principios y valores racionales, tiene espíritu contestatario y rebelde frente a todo aquello que atenta contra la razón y el derecho. Mientras que adoctrinar es domesticar, inculcar los valores, subjetividades y condicionamientos, que han de ser aceptados sin cuestionamientos.

Ahora bien, impugnar el paradigma educativo vigente en la sociedad dominicana actual es una tarea impostergable, cuya responsabilidad descansa en los hombros del movimiento político y social progresista. Hay que estar conscientes de que, no habrá cambios estructurales profundos en la República Dominicana, mientras prevalezcan los conceptos alienantes, que reproducen las falsas verdades de un sistema económico, político social, histórico y cultural, que no se corresponde con la realidad de éste pueblo.

Entonces, dado que en mi concepción, la educación es el principal instrumento para abordar con acierto la presente coyuntura histórica, es necesario responder algunas interrogantes vinculadas al comportamiento del segmento social, históricamente más dinámico, que es la juventud: 1. Asumiendo la juventud de los 90’s, como una generación víctima de la peor expresión de perversión política, por parte del grupo gobernante, ¿es ésta aún recuperable? 2. ¿Cuáles características han de tener las fuerzas sociales y políticas dominicanas, aptas para conducir los cambios que demanda la sociedad, para saldar la vieja deuda social del Estado con los sectores oprimidos? 3. Habiendo edificado el PLD su accionar en los sectores juveniles, bajo una sistemática publicidad manipuladora, generadora de la percepción de un falso estado de bienestar y de progreso, ¿Qué hacer para que esa juventud, víctima del engaño, se reencuentre con su verdadero destino?   

Previo a las correspondientes respuestas a las preguntas formuladas, es preciso indicar que, sin dudas la historia es una fuente ineludible para instrumentar planes que permitan superar el letargo de nuestra juventud, secuestrada y encadenada en los barrotes de un presente angustiante, y un futuro cada día más incierto. Por tanto se requiere repensar el método mediante el cual sepultar la nefasta herencia trujillista, sobre la que se ha sustentado el peledeismo gobernante, y que le fue transferida por Joaquín Balaguer a Leonel Fernández, en las elecciones de 1996, como estratagema para cerrar el paso a un sector liberal, históricamente distanciado del neo-trujillismo encarnado en la figura despótica ilustrada de Balaguer. Esto equivale a reconocer que, Trujillo fue ajusticiado, mas su impronta y sus prácticas despóticas y autoritarias, flamean en el horizonte gris a través del cual cabalga en el lomo lacerado del pueblo dominicano, un PLD que desde el gobierno jamás ha conseguido ni le ha interesado establecer una correspondencia entre “el decir y el hacer”.

No obstante, reconocemos la educación, como una locomotora que impulsa los cambios, mientras la conciencia es el combustible y al propio tiempo la brújula, que señala el destino hacia el que conducen esos cambios. De modo que, a través de los años las conquistas de la humanidad han sido cuantiosas; sin embargo estas han sido para el provecho exclusivo de los ricos, en desmedro de quienes producen las riquezas: los trabajadores y las masas empobrecidas.

Ahora bien, se podría argumentar que en educación se invierte la friolera suma que representa el 4 por ciento del presupuesto nacional, que al próximo año 2017 ascenderá a más de RD$ 700, 000, 000, 000.00, pero dichas inversiones más que en formar y preparar a nuestros niños, adolescentes y jóvenes, tiene la función primordial de enriquecer a ingenieros, contratistas y lobistas cuyo mayor interés radica en la construcción de obras de infraestructura, que es la fuente generadora de los soterrados y exorbitantes beneficios a favor de la corrupción. No por casualidad se designó en el Ministerio de Educación a un ingeniero arquitecto, y no a un humanista o a un educador.

En otro orden, es necesario establecer que, el segmento social representado por los/as jóvenes que nacieron en la década de los 90’s, ha sido prisionero del ilusionismo diseñado por un proyecto político, que se ofertó como el garante de la restauración del bienestar del pueblo y la institucionalidad del Estado dominicano, resultando todo lo contrario. Entonces, la juventud nacida en la última década del siglo XX ha sido virtual y literalmente deslumbrada, por el apabullante poder de una maquinaria política que sintetiza todas las artes neo-maquiavelistas, orientadas a perpetuarse en el poder.

El PLD ha debutado en el escenario político nacional, como la organización que desde la administración pública, ha hecho el uso más inescrupuloso, abusivo e irracional de los bienes del erario, para la satisfacción de ególatras y engreídos ministros, quienes conciben la Constitución y demás leyes, como algo menos que “un pedazo de papel”. Por eso han privatizado la actividad política y han legitimado la concepción patrimonialista del Estado, utilizándolo como un verdadero botín para provecho de esa corporación partidista.

Medios para restaurar la esperanza del pueblo.

Aun así, y esto es vinculante a las preguntas número uno y número tres, es posible restaurar la esperanza y reorientar hacia un mejor destino, lo que permanece sano de la juventud y de los trabajadores. Y uno de los mecanismos para lograrlo consiste, en desarrollar planes de educación y formación comunitarias, mediante los cuales se exalten los valores y las prácticas democráticas e institucionales, conquistadas por el pueblo dominicano a través de su proceso de resistencia por la libertad. Dicho proceso de formación e integración de los pobladores, debe conducir al desarrollo de actitudes, que lo capaciten para:

Primero, impugnar las condiciones de desamparo de la sociedad, frente a una delincuencia de arrabal y cuello blanco, que no conoce límites en el ámbito público ni privado; y que representa una amenaza permanente a la seguridad y al bienestar individual y colectivo. El rechazo a éstas prácticas nocivas a la tranquilidad y al bien común, debe manifestarse a través de las distintas organizaciones comunitarias, estructuradas para tales propósitos por los pobladores.

Segundo, resistir por las vías de hecho y de derecho, el sistemático proceso de atentados criminales contra el ecosistema, que amenaza con dejar desprovisto de agua, de bosques, montañas, aves silvestres y demás especies de la fauna, al territorio nacional. Se requiere de un urgente sistema educacional que conciencie y convenza a la población de los graves peligros a los que nos exponemos, si no detenemos ahora la destrucción de la flora y la fauna de nuestro país.

Tercero, orientar a nuestros/as jóvenes para que asuman los deportes y otras prácticas de recreación sana como alternativa, frente a los vicios inducidos desde las instancias de poder y de los medios de comunicación masivos, con el propósito velado de distanciarlos del camino del auténtico bienestar.

 

Un liderazgo democrático y actualizado.

En correspondencia con la interrogante número dos, es evidente que el protagonista del proceso de cambios, en tanto sujeto histórico es el pueblo dominicano. No obstante se requiere de un liderazgo de poderosa incidencia en las masas populares con suficiente capacidad, para concitar el entusiasmo necesario, que sirva de estímulo al despertar de los sectores marginados, víctimas de la exclusión social. Pero éste no ha de ser un liderazgo pasajero sino encarnado en alguien con el grado de compromiso y responsabilidad requeridos, inspirador del suficiente grado de confianza, que imponen las circunstancias.

Ya el pueblo ha sido engañado y estafado de las mil maneras; por ello quien ostente la condición de conductor del proceso político alternativo, debe poseer la determinación de aceptar sin dobleces ni vacilaciones, el desafío de jugarse la faja por el bien de los demás; y albergar la suficiente fuerza de voluntad y carácter, para conducir la nave de la libertad hacia puerto seguro.

Bajo las actuales condiciones de crisis de la nación, un simple diagnóstico conjetural permite determinar, la proximidad de una hecatombe social que se traduciría en el colapso estrepitoso del actual modelo social, si no se corrigen fallas que hacen insostenible el actual modelo, por más consolidado que éste parezca en torno a las bondades neoliberales, que solo son cosméticas y que no llegan a las mayorías desposeídas. Propiciar que la inevitable desvertebración del actual orden, sea lo menos traumática posible, es una responsabilidad de los sectores de poder que tienen mucho que perder, frente a una sociedad sometida y un pueblo oprimido y empobrecido, que en éste desigual juego de poder “lo único que tiene que perder son sus cadenas”. Ignorar esta realidad, como se ignora, equivale a jugar con candela, y “quien juega con candela se quema”. El éxito embriagador del poder representa una amenaza tan peligrosa a la paz social, como la pobreza extrema que padecen grandes segmentos poblacionales desamparados del país.

En medio de éste panorama, no albergo el menor ápice de duda de que, bajo un régimen de correcta y adecuada orientación, la población se levantará a luchar por sus derechos; ya lo ha hecho en el pasado en condiciones más desiguales que ahora. La diferencia de las actuales circunstancias respecto a las condiciones políticas y sociales pretéritas, consiste en que, mientras el enemigo de ayer mostraba su rostro como tal, el adversario de hoy se disfraza y parece amigo. Pero en esencia constituye una mayor peligrosidad que aquel, dado que en su juego demagógico y simulador oculta unas garras que ya no tiene cómo ni dónde ocultar.

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