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Memoria Contra el Olvido

Por Santiago Mata
Al conmemorarse este 12 de enero el 51 aniversario de la heroica gesta de los jóvenes revolucionarios, caídos en 1972 en un desigual enfrentamiento armado con tropas policiales y militares en la autopista Las Américas, vimos con respeto el acto que encabezó el alcalde Manuel Jiménez a nombre del Ayuntamiento de Santo Domingo Este (ASDE).

¡Un hermoso gesto de nuestro alcalde!

En ese acto Manuel habría destacado que su gestión al frente de la alcaldía se «ha encargado de defender y promover la memoria histórica» y la verdad es que, se lo agradecemos, porque ese tipo de acciones son siempre positivas y constituyen un aporte valioso para nuestra juventud.

DE FRENTE, Manuel es diferente

Textualmente, Manuel lo dijo así: En Santo Domingo Este la memoria trabaja duro contra el olvido», de acuerdo a fuentes periodísticas del Palacio Municipal.

No se podía esperar menos, porque Manuel, aparte de poeta, siempre ha estado vinculado a los pensamientos progresistas y revolucionarios.

Pero, cuando leímos esas palabras del alcalde, la memoria nos llevó de manera retroactiva al 12 de enero de 2012, a ese mismo lugar donde se llevó a cabo el acto, donde Manuel Jiménez también depositó una ofrenda floral en el monumento levantado para honrar la memoria y la valentía de Amaury, Ulises y La Chuta.

De Manuel, eso no me podía extrañar.

No me sorprende.

La memoria me recordó que yo estuve allí un día 12 de enero, pero de 2012, precisamente en la inauguración de esa Plaza de Los Palmeros.

Durante el acto se desvelizó una valla y una tarja en el monumento levantado en la avenida Marginal de la autopista Las Américas.

Lo recuerdo claramente.

Caminamos frente a la entrada donde estaba la vivienda y la cueva en la que los cuatro jóvenes revolucionarios enfrentaron a más de dos mil guardias y policías comandados por cinco generales del Ejército y la Policía Nacional, asesorados y respaldados por fuentes de inteligencia y tecnología militar de los Estados Unidos.

Aquello era algo verdaderamente impensable. Un lugar para honrar a la dignidad y el arrojo de una generación que fue capaz de ofrendar la vida, en un arriesgado intento fallido por la libertad y la felicidad de su pueblo.

Sin embargo, no lograba entender lo que estaba viendo y viviendo; lo que me extrañaba en ese momento memorable era que quien estaba haciendo todo esto para preservar la memoria de aquellos valiosos jóvenes revolucionarios era Juan de los Santos.

Juancito.

Así mismo, Juancito, un joven empresario de bancas de apuestas de Villa Duarte, de quien, por lo menos de manera pública, no se conocían tendencias, ni pensamientos revolucionarios y mucho menos ideas de izquierda, como para hacer de la memoria a Los Palmeros, una auténtica prioridad en honor a los cuatro jóvenes que habían caído cuando él apenas tenía dos años de edad.

Los Palmeros luchaban por sus sueños de un mejor destino para el país y las futuras generaciones.

Juan de los Santos había ganado las elecciones en 2006 y no hay muchos pormenores de qué lo motivó, pero prometió en un acto público, tal vez dos años después de llegar a la alcaldía, que construiría un monumento a los Palmeros y un parque comunitario y no dudó un ápice en plasmarlo en el presupuesto municipal del año siguiente con el expreso interés de «mantener presente los hechos históricos en la mente de las futuras generaciones», según sus palabras de ese día.

Para mí era extraño, pero después supe que consiguió la asesoría del presidente del Senado, para ese entonces, el doctor Reinaldo Pared Pérez , y ambos dieron sendos discursos ese día al que me ha retrotraído la memoria al ver el acto en el que Manuel Jiménez les rinde honor a los jóvenes que llenos de gallardía ofrendaron sus vidas en las cuevas del kilómetro 14 de la autopista Las Américas.

Aunque yo lo pusiera en dudas, Juancito estaba de verdad rescatando la memoria histórica en ese momento en compañía de Roberto Castillo, del Comité de Héroes y Heroínas de la Patria; Luisa de Peña, directora del Museo Memorial de la Resistencia; Manuela Aristy, madre de Amaury, así como quien fuera su esposa, Sagrada Bujosa Mieses, y Minerva Cerón, hija de Ulises Cerón.

Lo recuerdo porque no me encajaba que fuera Juancito, Juan de los Santos, el empresario, quien estuviera reivindicando a los cuatro jóvenes que lucharon por sus ideas hasta la muerte.

Es posible que yo desconociera esa faceta del Síndico, pero…

Me resistía hasta verlo compungido al concluir aquel acto en la que se reprodujo en altavoces una grabación del panegírico que en 1972 pronunció doña Manuela Aristy en frente al féretro de su hijo Amaury Germán Aristy.

Minutos más tarde se le veía a Juancito entregado a una larga conversación con Paula Acevedo (Chichita), viuda del general Francisco Alberto Caamaño Deñó; Arlete Fernández, viuda del comandante Rafael Fernández Domínguez y una persona que no recuerdo, que fueron testigos especiales de aquella verdadera cita contra el olvido.

Por lo tanto, imposible olvidarlo.

Finalmente, creo que, siendo justos, el actual alcalde debió dar los créditos en ese acto al creador de este significativo espacio de reflexión histórica, aunque eso no era obligatorio.

No creo que fuera tampoco, simplemente por mezquindad.

Más bien creo que el carácter político con que se maneja todo lo que haga el alcalde, impide ser justo.

La lógica electoral aconseja que es más importante destacar todas las maravillas que ha hecho el alcalde quien «se ha encargado de defender y promover la memoria histórica rescatando todas las plazas y monumentos históricos del municipio y construyendo otros para la formación y el disfrute de la comunidad y las nuevas generaciones», como lo promueve la nota que el ayuntamiento envío a los medios.

Esa parece ser la razón del alcalde para olvidar que todo lo que hay en este municipio, estaba hecho antes de abril de 2020.

Por esa razón me atrevo a dar un testimonio:

En esos años (2010-2016) yo luchaba para que el municipio tuviera un síndico como Manuel Jiménez, no como Juancito.

Eso lo sabe todo el mundo en este municipio y lo sabe hasta el propio Manuel, porque se lo manifesté en múltiples ocasiones.

Hoy, después de ver la gestión de Manuel, me arrepiento y creo que el municipio merece un alcalde como Juancito, no como Manuel.

Y…

Juancito no está.

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