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Es tiempo de pensar mejor el tema del crimen y las fuerzas que lo alimentan

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Actualizado el: 28 febrero, 2021 - 10:19 PM (-04:00)

“Muy posiblemente es tiempo de que nos demos la oportunidad de pensar mejor el tema del crimen y las fuerzas que lo alimentan. De orientar nuestros esfuerzos hacia la prevención, de caer en la cuenta de que los círculos viciosos de la violencia no se rompen con golpes de rabia, si no con acción oportuna y dedicación”.

Por Cesar Vargas / Estudiante de Derecho
Recientemente visité el Centro de Corrección y Rehabilitación 17 popularmente conocido como Najayo. Lo hice en el marco de un trabajo académico parte de mis estudios para convertirme en abogado. Allí, de forma inesperada, encontré un grupo de profesionales del área de educación. Ellos vienen desplegando en los últimos meses una serie de iniciativas con miras a la prevención del delito que me resultaron intrigantes, frescas y que van logrando interesar a una parte de la población de la provincia de San Cristóbal.

Azotada por la delincuencia, como el resto del país, gente de ésta provincia parece estar dando los primeros pasos en una propuesta diferente. Se hacen llamar Acción Preventiva y al inquirir a uno de sus actores, el Lic. Daniel Jiménez (Bellas Artes), sobre qué es lo que hacen me contestó lo siguiente: ¨Somos el resultado de un acto de conciencia, de darnos cuenta que de continuar con las mismas actitudes tendríamos que aceptar los mismos resultados. La delincuencia nos está tocando a todos, en nuestras propias comunidades, las autoridades no puedan solas. Mandar a la policía a matar delincuentes claramente no es suficiente y trancarlos y botar la llave tampoco funciona porque no hace nada contra el que no ha caído¨. Me dió este link para que conociera parte de sus trabajos. Ahí se los dejo:

Por Daniel conocí a Juana, a Julia, a Lorenza, a Sylvia, a María y a Héctor entre otros. Todos son, de alguna manera, producto del 4% para la educación. Se licenciaron, al igual que miles alrededor del país, atraídos por la promesa de mejores condiciones para los maestros. Al Centro Correccional, en principio, llegaron a trabajar en el Centro Educativo San Ignacio de Loyola contratados por el Ministerio de Educación. Estos, a su vez han ido interesando en sus trabajos a sus propios relacionados y amigos. Parecería que por primera vez, por lo menos de la que se tenga conciencia, personas se involucran con el tema de los condenados con la intención de aprender para prevenir en sus propias comunidades y en esto, para mí, radica lo novedoso de lo que hacen.

Trabajando en un destino (así le llaman en el Modelo de Gestión Penitenciaria a los que cumplen alguna función dentro del recinto) me encontré con Mario José Redondo Llenas. Casi ni lo reconozco porque las imágenes que se usan para ilustrar cualquier referencia, caí yo en la cuenta, usualmente son tan remotas como los gravísimos hechos que se le imputan y por los que cumple una condena de 30 años.

Su caso, mejor dicho, su historia completa pone a prueba el nivel de compromiso que como sociedad tenemos con el ideal que resume la rehabilitación social. Es decir, ¿realmente creemos que el propósito de la sanción penal es la corrección?, ¿tenemos todos, como sociedad, la información para aceptar razonablemente la idea de que apostar a la recomposición del condenado es la mejor opción aún cuando los hechos por los que fue hallado culpable nos produzcan el más absoluto rechazo?

¿Cómo ha respondido éste interno, desde el punto de vista científico y humano, al tratamiento que se supone ha recibido?, ¿Si nos interesa saber, a quién le preguntamos? Y finalmente, ¿Cómo lo vamos a probar, a verificar, a través de qué mecanismo o es que simplemente vamos a esperar que cumpla los 30 y entonces no tengamos más remedio que liberarlo sin que haya ninguna iniciativa que tomar para poder decir que hicimos lo posible para que efectivamente se rehabilitara? Extender su pena no es posible, sinembargo, hacer que su pena nos sirva a todos, que él nos sirva, es una alternativa que debe considerarse.

Me inquieta, como ciudadano, el hecho de que se cuentan en los miles los condenados por hechos graves que cumplen penas a la sombra del olvido. ¿Quién verifica la rehabilitación de los que no son parte de un expediente con ¨prensa¨?

Y mientras nos ponemos de acuerdo, en los últimos 20 años el número de presos en República Dominicana se ha multiplicado entre dos y tres veces. Todos nos sentimos menos seguros y compartimos ese sentimiento de forma instantánea en las redes sociales constantemente. Al día de hoy, sobre el 30% de los encarcelados tiene entre 18 y 25 años y más del 70% tiene menos de 35 años. El número de condenados a penas de 20 y 30 años es altísimo, otro indicador de que lo grave y condenable no siempre ocupa primeras planas de los diarios, se vuelve tendencia en twitter o se multiplica en Facebook.

Hoy son más en número y más jóvenes en edad los que están siendo encarcelados lo que debe obligarnos a todos a reflexión sobre lo que constituye prevención. Por otro lado, la tasa de reincidencia sigue siendo altísima. Muy posiblemente es tiempo de que nos demos la oportunidad de pensar mejor el tema del crimen y las fuerzas que lo alimentan. De orientar nuestros esfuerzos hacia la prevención, de caer en la cuenta de que los círculos viciosos de la violencia no se rompen con golpes de rabia, si no con acción oportuna y dedicación. Sobre todo, y posiblemente ese es el gran aporte que nos hace la provincia de San Cristóbal, de que la inseguridad es un asunto de todos y en consecuencia es uno de esos temas sobre los que tenemos que empoderarnos.

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