
Por Santiago Mata.
esde tempranas horas del pasado martes, el país ha sufrido colectivamente la devastadora tragedia acaecida, inesperadamente, en la exclusiva discoteca Jet Set en esta capital.
Hasta este miércoles temprano ya se habían reportado más de 124 muertes y más de 150 heridos o lesionados, sin que se haya dado a conocer, ningún detalle sobre las causas que originaron este terrible acontecimiento.
Estamos seguros de que los dueños de ese establecimiento no son culpables intencionales de lo que allí haya ocurrido, pero sí son responsables por negligencia de garantizar la seguridad de sus clientes dentro sus instalaciones.
Llama la atención, aunque uno no quiera decirlo, no se haya proporcionado información sobre lo que produjo el evento y por el contrario, se ha notado la intención de no hacerlo. De ahí que surja la necesidad de uno preguntarse cuáles fueron las causas que provocaron el desplome del techo de un negocio tan lucrativo y prestigioso, como es la icónica discoteca Jet Set.
Claro, todavía estamos viviendo el imperioso momento para lamentar la tragedia y para solidarizarse con los afectados y dolientes, a ojos cerrados.
Ese tratamiento no es necesariamente el más profesional.
Se habla sólo del efecto y nadie ha hablado, ni se ha enfocado, aunque sea por un momento, en las causas que originaron este horror.
No es justo que sólo nos hablen de las figuras que allí han perdido la vida.
Esa podría ser una razón válida para no ver más allá de lo ocurrido.
Tal vez, una excusa.
Sin embargo, después de haber transcurrido todo este tiempo y habiéndose conocido detalles suficientes de lo ocurrido, se impone que comencemos a investigar qué fue lo que pudo haber causado esa terrible tragedia.
Puede ser que muchos piensen que el techo de la discoteca se fue abajo porque le dio la gana de caerse en cima de todo el mundo por un mandato del destino.
Pero, muchos incrédulos también se preguntan cuales fueron las verdaderas causas de esa desgracia, que ha enlutado a todo el país de manera desgarradora.
Tal vez sirva de algo para evitar algo similar.
Y es probable que el dolor nos impida preguntarnos si a caso vale la pena preguntarnos algo así en medio de tanto dolor.
¿Fue acaso, un acto de terrorismo, un terremoto, un tsunami, un acto de negligencia o irresponsabilidad de los dueños de tan lucrativo negocio?
Para las ocupadísimas autoridades, la respuesta será que tan pronto se termine con el proceso de la emergencia, que es la prioridad del momento, el máximo empeño será, la investigación de las causas, que naturalmente demanda de tiempo y que después de ciertas diligencias y algunos contactos ineludibles, se inicie el tramo de la investigación de las causas del siniestro, si Dios lo permite.
Y eso es correcto, hasta la coma.
Pero, desde ahora es oportuno reclamar que, sin que nadie medie más con ese desinterés y se establezcan esas razones, causantes de tantas muertes.
No podrá pasarse por alto lo acontecido en la fatídica madrugada del 9 de abril, en la que se produjo esta dolorosa tragedia, que hoy enluta a la sociedad dominicana entera, sin que se sancione a los responsables de esa irresponsabilidad o negligencia, que ha costado tantas vidas.
