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Se nos fue para siempre el más pequeño de la familia

Carlos David es el más pequeño de la familia. Hijo  de Margaret y Carlos y nieto de Cinthia Polanco y Robert  Vargas. Le decíamos “Rojito” porque nació “rojo como un tomate”

Hasta el viernes fue un niño feliz y de apariencia saludable.

Hoy está muerto.

La familia está devastada por la muerte de “Rojito”.

Apenas 11 meses vivió.

¿Cómo murió Rojito?

Los médicos que lucharon por salvarlo dicen que su organismo no resistió a una infección por una bacteria que primero le dañó el páncreas; le provocó un drástico descenso en la presión arterial y, finalmente, esta mañana los pulmones se le inundaron de líquido.

Y así murió, en los brazos de Nani, (Margaret), y ante la mirada incrédula de Carlos, su papá.

¿Cómo pudo llegar Rojito a esa condición?

Hasta el viernes pasado nada indicaba que su salud estaba deteriorada, a no ser porque ese día vomitó dos o tres veces.

Al producirse esos vómitos, Nani lo llevó ante la pediatra en la Clínica Altagracia, en el Ensanche Ozama.

La doctora que lo atendió, sin hacer mayores estudios, dedujo que se trataba de una afección de las amígdalas y que, como había vomitado, recomendó le suministraran un suero oral para evitar que se deshidratara.

Así lo hicieron.

Pero ese no era el problema. 

Era otro.

Al amanecer de ayer sábado 24 de diciembre, Nani se percató de que Rojito empeoraba y corrieron con él de nuevo para la Clínica Altagracia.

Allí los médicos se dieron cuenta de que el cuadro clínico del niño era catastrófico y se les ocurrió que tendrían que llevarlo a otro centro médico porque ellos no podían suministrarle el tratamiento en cuidados intensivos que se requería.

Ya surgió la expresión “cuidados intensivos”.

La presión arterial se había desplomado y Rojito perdió el conocimiento.

Se hicieron varias llamadas telefónicas a distintos centros médicos para ver cuál podía atenderlo y salvarlo.

Nadie lo quiso.

Solo por intermedio de  una persona conocida Rojito fue aceptado en el Hospital Dr. Robert Read Cabral, donde el personal se empleó a fondo para tratar de salvarlo.

Pero ya era muy tarde.

Ellos hicieron todo lo que pudieron, pero se lo entregaron cuando ya no había nada que hacer.

Gracias del alma al personal de ese hospital Robert Read Cabral.

No podemos decir lo mismo de la Clínica Altagracia.

Vamos a recordar a Rojito alegre, como lo era.

Ojalá que a ningún otro niño le suceda lo que al nuestro, quizás por inobservancia rigurosa del personal de la Clínica Altagracia.

Habría sido conveniente que le hicieran una necropsia para determinar cuál fue la bacteria que le provocó la muerte y así salvar vidas d e otros niños, pero en el hospital descartaron esa posibilidad. 

El será velado esta  tarde en la funeraria Gresefu, de la avenida Las Américas y sepultado en la mañana del lunes en el Cementerio Cristo Salvador.

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