Foto ilustrativa
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La verdadeera historia del “Papaupa de La Matica”

Por José Beato / Del libro Análisis Sociocultural de Boca Chica, en proceso, solo para lectura el autor José Beato prohíbe el uso para otros fines.
Tarzán y su mono Chita, protagonizaron una de la serie de aventura y acción que más cautivó a los televidentes de la época, esta película de 1932 basada en la novela de Edgar Rice Burrougts, titulaba “Tarzán de los Monos” y que posteriormente su protagonista el atleta de natación norteamericano de origen Alemán Johnny Weissmuller fue llamado el Hombre Mono, quizás pudo haber sido una de las motivaciones para que los visitantes del “Islote la Matica” se fijaran en el mono Buche, a quien por sus monerías, amoríos y hazañas que realizaba le pusieron le colocaron el mote del Papaupa de la Matica.

El refranero popular ha colocado frases, apodos y motes que han perdurado por largos periodos de tiempo y muchas de ellas perduran quedando presente con nosotros y traspasándose de generación en generación, estas exaltan cualidades, habilidades y hasta atributos morbosos.

El Tigre Gallo, el Bacano, el tigre Bimbin, el tigreraso, el Chivito que más pea, el Toronton ton, el Tolete, el Caballón, el Gigoló son algunos de estos completivos de nombres y apodos que han gravitado en el lenguaje coloquial dominicano pero que ya su mención no impresiona ni tienen gran significado, es decir al parecer al pasado de moda.

Pero nadie, absolutamente nadie, deja pasar desapercibida la frase el Papaupa de la Matica, en momento de chistes, incomodad o para burlarse de alguien en tono desafiante se le ha señalado con este nombre, para así indicar una categoría de personas o sencillamente una provocación.

Otros análisis sobre este personaje ya han sido expuestos por el doctor Marcano, referenciadas por el periodista Clodomiro Moquete y en la consulta del libro 3600 refranes y frases de uso común entre los dominicanos del autor José Antonio Cruz Brache.

La verdadera historieta de “Buche” el Papaupa de la Matica se la cuento sin mayor demora.

Corrían los años 50, la esplendidez del hotel Hamaca, era imponente, 28 habitaciones a todo confort, visitantes distinguidos, la playa de Boca Chica, bella, exuberante, finas arenas blancas, las cristalinas aguas verdizules daban un toque cuasi mágico haciendo creer la sensación de estar en un paraíso.

Las olas que chocan con las barreras coralinas se hacían cómplices con el derroche de elogios, que cada tarde o mañana había que profesar al jefe a su esposa doña Julia, al presumido hijo Ramfis o a cualquiera de sus amigotes.

La efigie de un aborigen con una lanza en las manos, simbolizaba la agilidad del guerrero por el trabajo y la identidad cultural que daba la bienvenida a los visitantes turistas y extranjeros, aunque nunca nadie pudo explicar con certeza, sí la réplica del guerrero pertenecía a Enriquillo o a Cayacoa.

Con la designación del segundo administración del hotel Hamaca, distinción que recayó sobre el norteamericano Arthur W. Rogers, la actividad hotelera aun no llamada turística tuvo un giro extraordinario para el disfrute de los huéspedes, eran los últimos meses del año 1953 cuando se dio a conocer la creación del “Santuario de Aves y Peces” en el Islote la Matica, una creación de míster Rogers para divertir a sus huéspedes.

Aunque se llamaba Santuario de Aves y Peces, fueron traídos otros animales que formaron parte, a lo que la población le llamó el Zoológico de la Matica o de Boca Chica.

Cebras, Guacamayo, Garzas blancas, Higuanas y monos fueron los primeros pobladores de este santuario.

El islote la Matica, está divido de forma naturalmente en tres separaciones que para poder observarlos tendría que ir a explorarla a pies, pero en la distancia parece un solo arbusto. En cada una de las separaciones entre ramas y arbustos que simulaban una verdadera selva adentro del mundo africano, vivían tres monitas en completa paz, amistad y armonía, y por supuesto “vivía también “Buche”, el Chimpancés más gracioso y feliz de todos los animales, era tan notaria su felicidad que los visitantes se deleitaban con sus monerías.

Buche, posaba para que le hicieran fotos, sacaba la lengua, hacia acrobacias de ramas en ramas, e iba a cortejar a cada una de las monitas, con la que tenía un romance a su antojo y a la vista de los visitantes y de las otras monitas, en buen dominicano él era el marido de las tres.

Cada tarde, antes del anochecer las Garzas retornaban en bandadas haciendo un ritual la “Danza de las Garzas” para dormir en el Islote, Buche hacia una especie de gritos, que alegraban a los turistas, pero intimidaba a los demás animales, con este grito se juntaban las tres monitas para irse a dormir junto con él, y es de ahí que los visitante le llamaron el Papaupa de la Matica.

La Danza de las Garzas Blancas, es todo un espectáculo que exhiben estas aves todos los días, entre las cinco a seis y media de la tarde, y nos hacen recordar que allí vivió el mono Buche, cuya memoria está viva en muchos extranjeros y en casi la totalidad del pueblo dominicano. ¡El Papaupa de la Matica!.

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