Vídeo – El río Ozama: un tesoro que espera ser redescubierto

Por Robert Vargas
Navegar primero hacia el norte y luego hacia el noroeste en el río Ozama nos da la oportunidad de constatar que este es un tesoro que ha sido descubierto más de una vez, pero que aún espera ser redescubierto … ¡Otra vez!

Allí hay una fortuna que se desperdicia por la carencia de una política de estado que tienda a rescatarlo y a colocarlo al servicio de los habitantes del Gran Santo Domingo y del país.

Gracias a la colaboración del Cuerpo de Bomberos de Santo Domingo Este y su jefe, el coronel Rafael Javier Bueno, pudimos grabar escenas espectaculares generalmente poco conocidas por el gran público.

Participantes en la tarvesía por el rio Ozama
Participantes en la travesía por el rio Ozama; el tesoro que espera ser redescubierto.

El río Ozama es mucho más que casuchas destartaladas y basura o viviendas que cuelgan de las laderas listas para caer al vacío.

Es una fuente de riqueza que aniquilan los grandes empresarios propietarios de desguazaderos de barcos, mataderos, y personas que lanzan hacia su lecho todo tipo de basura, incluidos carros viejos  y, además, cadáveres de personas.

La sola descripción  de lo que allí sucede es como para provocar espanto a cualquiera.

Javier Bueno nos explicó que, con frecuencia, sus unidades de rescate acuático son llamados para extraer cadáveres de personas.

-“Ahí debajo, en el lecho del río, hay de todo lo que tú puedas imaginar”, comentó el Jefe de los Bomberos mientras conducía su bote en el que nos llevaba aguas arriba.

Partimos desde un pequeño embarcadero casi debajo del puente Juan Bosch, a la entrada de La Ciénaga, en la orilla oeste del Ozama.

Al frente, en la orilla oriental, no hay viviendas puesto que el difunto ex presidente Joaquín Balaguer, en su cuarto gobierno (1986-1990), desalojó un enjambre de viviendas que allí habían y sembró árboles, además de evitar que fueran repobladas.

Solo al doblar en el primer recodo, se observan viviendas en “El Dique”.

Allí  hay un vecindario junto a un desguazadero de barcos. Ya en este barrio es poca la basura que lanzan al lecho del río, puesto que la alcaldía de Santo Domingo Este ha desplegado una política de recolección de desechos sólidos que colabora en mantener la limpieza del río, al menos en esa zona.

Además, un sacerdote católico está al frente de un programa mediante el cual hace trueques de determinada cantidad de botellas plasticas por bolsas con alimentos crudos.

Esto explica que muchos vecinos se dediquen a retirar botellas plásticas de la orilla del río para cambiarla por comida.

Más adelante, y hasta la parte trasera del barrio Los Tres Brazos, se observan concentraciones de viviendas destartaladas y vecinos que lanzan basura hacia el río.

En el  lado oeste, el panorama es igual o peor de desolador. Casuchas que, como patio y retretes, tienen al río.

Para resolver de raíz el problema en ambos lados del río, desde La Ciénaga hasta la convergencia con el río Isabela, quizás sea necesaria la misma voluntad política que tuvo el gobierno pare resolver el problema del barrio La Barquita, desalojando y creando nuevos asentamientos para sus vecinos.

Con los desguazaderos de barcos se deberá actuar de otra manera, con la ley en las manos y la firmeza de propositos.

Si se lograra ese despeje, entonces en poco tiempo el Ozama tendría en ese trayecto el mismo panorama que exhibe desde varios cientos de metros antes de llegar al Cachón de la Rubia.

El ingeniero Rafael Encarnación Montero, Director del Departamento de Gestión Ambiental del Ayuntamiento de Santo Domingo Este, que como experto nos acompañó en la travesía, resaltó la relación directamente proporcional que observó entre los espacios habitados en lugares no aptos, a orillas del río, y la acumulación de basura en esos lugares.

Destacó lo que estabamos viendo y grabando con nuestras cámaras: en aquellos trayectos en los que no existían concentraciones poblacionales, las dos orillas estaban limpias, sin basura y el río se brindaba para convertirse en escenario en el que se pudiera practicar deportes acuáticos o, simplemente, servir de atracción para un público ávido de entrar en contacto con la naturaleza.

Aguas arriba, después de cruzar el otro desguazadero de barcos, en la parte norte de La Barquita, y luego de pasar por debajo del puente Gregorio Luperón, que comunica a Los Mina con Sabana Perdida, brigadas de obreros trabajan presurosos en el acondicionamiento del lugar donde creció de forma desordenada el barrio de La Barquita.

Allí las autoridades construirán un parque ecológico que servirá de atraccción, quizás como lo era antes cuando el puente era de pontones y las dos orillas del río eran lugares paradisíacos.

Ya sin todas esas viviendas, el escenario comienza a cambiar por completo, hay menos basura y el agua parece más limpia.

Por allí no hay mataderos ni desguazaderos.

Por eso, al llegar a la desembocadura del Cachón de la Rubia, eso parece de ensueño.

Todos los que participamos en la travesía, incluido Encarnación Montero, coincidimos en que el Gran Santo Domingo está desperdiciando las potencialidades de que ofrece el río Ozama, que puede ser mucho  más que un muelle para recibir turistas y  barcos mercantes en su desembocadura.

Podrían, por ejemplo, establecer un servicio de botes para la navegación de placer con paradas posibles en distintos lugares en los que pudieran ser construidos atracaderos, donde los participantes en las excursiones se detengan para hacerse fotos, comprar “recuerdos”, tomarse alguna copa y, porqué no, hasta practicar buceo, donde las condiciones lo permitan.

La desembocadura del Cachón de la Rubia podría ser un buen lugar para llevar a los turistas locales y extranjeros, para que ellos puedan pasear  y disfrutar de la belleza natural del lugar.

A algún empresario podría ocurrirsele la idea de construir un barco que tenga un bar y lleve a los turistas disfrutando de la música y la belleza del lugar, tal como hacen esos barcos frente a Bávaro.

A alguien podría parecerle que todo esto es inviable.

Si así lo piensa es porque no ha visto como en Río San Juan sus gentes le sacan ventaja a la Laguna Gri Gri, con toda una estructura comercial en torno a esa riqueza que les dio la naruraleza.

O tampoco han tenido la oportunidad de ver lo que sucede en Montecristi, con el Morro, donde los turistas nacionales y extranjeros pagan por la travesía para disfrutar del paisaje.

O en el noreste del país, donde los vecinos de El Limón obtienen su sustento de un salto de agua llamado “El Salto del Limón”. Allí todo se lo venden en dólares a los turistas y los vecinos quieren tener caballos o mulos para transportarlos hacia su espectáculo natural.

Como esos hay muchos ejemplos diseminados por todo el país.

Entonces, ¿Por qué no rescatar el río Ozama y convertirlo en una fuente de riqueza para el Gran Santo Domingo y sus habitantes?

Claro, primero hay que arrebatarselo a los desguazadores de barcos, a los dueños de mataderos y a todos aquellos que lo contaminan.

A lo mejor, aguas arribas, lanzan peces de agua dulce y se prohibe la pezca durante algún tiempo, hasta que el río vuelva a poblarse.

Juan  De los Santos, el ex líder de Santo Domingo Este, tenía en mente grandes proyectos relacionados con el río Ozama.

No está claro si su sucesor tiene igual amplitud de mira.

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