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¿Un extraño ausentismo o una dirigida abstención electoral?

Por José Francisco Peña Guaba

Después de semanas sin publicar mis acostumbradas reflexiones, retomo mi afición de escribidor para buscarle oficio a mis vacaciones de 4 años, que con la victoria reeleccionista me gané. Reinicio mis atrevidas reflexiones con un tema que debería preocupar a toda la nación sobre la inesperada alta abstención electoral ocurrida en las recientes elecciones presidenciales, senatoriales y de diputaciones, en donde para la sorpresa de la mayoría de los ciudadanos, se registró un 45.63% de ausentismo o abstención electoral.

Si se dan cuenta, mis estimados lectores, no tipifico únicamente como abstención lo ocurrido en el pasado proceso comicial, porque estoy convencido de que las razones de la alta tasa de no concurrencia a las elecciones del domingo son producto de circunstancias tanto voluntarias como involuntarias del elector. En la abstención, hay una decisión del ciudadano de no sufragar, mientras que, en el ausentismo, las condiciones que se presentaron le impidieron al elector participar, pese a su voluntad, tal vez, de hacerlo.

Lo cierto es que en nuestro país, debido a la reducida participación, se produce un problema de deslegitimación con la elección de los ganadores, ya que su triunfo no refleja la voluntad de la mayoría de los ciudadanos, sino de una minoría. Un ejemplo de ello es la victoria pírrica del oficialismo, que en el nivel presidencial obtuvo 2, 507, 297 votos, representando apenas un 30% de los inscritos en el padrón electoral, que fueron 8,145,548 ciudadanos hábiles para votar.

He leído los más enjudiosos estudios sobre el comportamiento electoral que se manifiesta en estos nuevos tiempos, tanto en Latinoamérica como en todo el mundo. Sin embargo, en este caso en particular, es realmente asombroso lo que vimos con nuestros propios ojos: solo un poco más de la mitad de los electores hábiles sufragaron. ¿Cómo es posible que esto ocurra en un país tan altamente politizado como el nuestro? Especialmente cuando la histórica participación electoral es de al menos un 70% de sufragantes.

Lo primero que nos llegó a la mente a una gran parte de los dirigentes políticos fue que se había producido un inmenso fraude en contra de la oposición, llevado a cabo por los popistas del oficialismo. Producto dela demostración avasallante en la campaña por el PRM que nos hizo prejuzgar que todo esto era obra de estos, preferimos primero, sin embargo, investigar a fondo las causas que produjeron tan bajísima votación, y encontramos que las razones fueron tanto voluntarias como involuntarias, ahí precisamente radica la diferencia entre abstención y ausentismo electoral.Esta letal combinación, en nuestra opinión, es lo que podría terminar dinamitando el sistema de partidos y la democracia si no tomamos medidas a tiempo. Sin embargo, en estas elecciones predominó el abstencionismo por las siguientes razones:¿

La venta y compra de cédulas para evitar que los electores que no eran simpatizantes del gobierno votaran, con el fin de forzar una baja votación;

El desánimo de la población ante las tradicionales ofertas electorales, estamos ante el fenómeno que ya se ha instalado en la República Dominicana: la desafección política;

El oficialismo construyó una percepción de victoria asegurada mediante encuestas manipuladas que le otorgaban hasta un 70% de simpatías a la reelección, todo con el fin de desmotivar a una parte del electorado y evitar que estos sufragarán, aprovechando la imagen de triunfo instalada en el imaginario popular producto del bombardeo comunicacional de la bien pagada maquinaria propagandística del oficialismo;

Rechazó al mal desempeño del gobierno, especialmente cuando este tenía muchas posibilidades de ganar.
Inconformidad con el sistema democrático debido a la percepción de que este no mejora la calidad de vida de los ciudadanos, entre varias razones que adicionalmente produjeron una voluntaria ausencia a las urnas.

Ahora bien, hubo situaciones que llevaron involuntariamente a cientos de miles de ciudadanos a no ejercer su derecho a votar, entre ellas:

El costo de transportación a los lugares de votación, especialmente para aquellos electores que sufragan fuera de la demarcación en la que residen;

La limitada capacidad económica y operativa de la JCE para ofrecer todas las facilidades de votación a enfermos, adultos mayores y personas con discapacidad.

El caso de la diáspora dominicana es especialmente ilustrativo del ausentismo electoral, ya que se obliga a los electores a votar de manera presencial en ciudades muy alejadas de su lugar de residencia, lo que implica un costo significativo por el traslado al centro de votación, haciéndolo prácticamente inasequible.

La falta de información de los electores en el exterior sobre la ubicación de los centros de votación. La JCE debería auspiciar la implementación de mecanismos como el voto electrónico o por correo para que nuestra diáspora pueda ejercer su derecho constitucional al sufragio.

Como no existe seguridad policial que haga cumplir la normativa de la JCE en el exterior, los funcionarios del gobierno se aprovechan de esa debilidad para tener un control fuera de los recintos para motivar la venta del voto y la no participación electoral. Es necesario enviar representantes de la JCE a los recintos del exterior para que esto no vuelva a suceder.
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Todos los que estamos en política sabemos que el oficialismo visitó las casas de ciudadanos vulnerables de tendencia opositora y les ofreció una cantidad de recursos económicos apreciables para que el núcleo familiar dejara de votar, logrando así la panacea de su necesaria alta abstención y ganar la contienda electoral con menos votos.

Sin embargo, siendo justos, también la oposición desmotivó a su base de apoyo con esa división innecesaria que la llevó a presentar varios candidatos en una misma demarcación para la misma posición. Esta decisión infantil resultó en una derrota abrumadora ante las huestes perremeístas, como era de esperarse. El hecho cierto es que el oficialismo se impuso y reelegimos al presidente Luis Abinader. Lo que la población aspira es que en este cuatrienio se realice una gestión gubernamental al servicio de las mayorías, que tanto necesitan el auxilio de un gobierno comprometido “Que Primero Sea la Gente”.

 

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