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Santo Domingo Este: vitrina del proyecto político del PRM


En la historia reciente de la política dominicana, pocos procesos han tenido una narrativa tan marcada por la palabra cambio como el protagonizado por el Partido Revolucionario Moderno (PRM). Desde su fundación, el partido se presentó no solo como una nueva organización política, sino como una respuesta a una demanda social acumulada: institucionalidad, transparencia y renovación ética en la gestión pública.

El PRM nació con un discurso centrado en la recuperación de la confianza ciudadana. Su proclama política enfatizó tres pilares:

Transparencia en el manejo de los recursos públicos.
Fortalecimiento institucional.
Compromiso social con los sectores más vulnerables.

No fue una narrativa improvisada. La construcción del partido respondió a un contexto de agotamiento de modelos tradicionales de poder y a la necesidad de una alternativa que conectara con una ciudadanía más crítica, más informada y más exigente. El lema del cambio no se limitó a lo electoral; se convirtió en una promesa de transformación estructural.

Con la llegada de Luis Abinader al poder en 2020, el discurso del cambio pasó de la promesa a la prueba. El gobierno impulsó una agenda enfocada en:

Mayor independencia del Ministerio Público.
Procesos judiciales contra casos de corrupción administrativa.
Reformas orientadas a la modernización del Estado.
Programas sociales ampliados tras la crisis sanitaria global.

La gestión de Abinader ha buscado sostener la narrativa de un gobierno que no encubre irregularidades, sino que promueve consecuencias legales cuando corresponden. Esa línea discursiva ha sido uno de los elementos más diferenciadores frente al pasado político reciente.

Más allá de los debates y críticas propias de toda administración, el gobierno ha logrado consolidar una percepción de mayor apertura institucional y una imagen internacional fortalecida.

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En el plano municipal, la Alcaldía de Santo Domingo Este, encabezada por el Pastor Dio Astacio, ha procurado traducir la política nacional del cambio en resultados tangibles para la vida cotidiana.

La gestión municipal ha puesto énfasis en:

Organización administrativa y control interno.
Mejoras en los servicios de limpieza y ornato.
Intervención y recuperación de espacios públicos.
Reestructuración de procesos municipales.

En términos políticos, esta articulación entre gobierno central y gobierno local ha sido presentada como una muestra de coherencia estratégica: la visión nacional encuentra en la gestión municipal su laboratorio práctico.

Dentro del relato político oficialista, la gestión de Dio Astacio se proyecta como una de las más alineadas con el ideario del PRM. Su desempeño administrativo ha sido interpretado por sectores internos como evidencia de disciplina política, capacidad de gestión y fidelidad al proyecto nacional.

Esa percepción ha alimentado una narrativa que lo posiciona como uno de los dirigentes con mayor coherencia respecto a la línea del gobierno central. En términos simbólicos, se le describe como un «alumno aventajado» del modelo de gestión promovido por Abinader.

La lógica política detrás de esta valoración es clara: si el cambio necesita continuidad, esta debe recaer en figuras que hayan demostrado capacidad administrativa, alineación programática y resultados medibles.

En la dinámica interna del PRM, la discusión sobre el futuro, inevitablemente gira en torno a quién puede garantizar la continuidad del proyecto político sin fracturar la narrativa del cambio. Desde esa óptica, la figura de Dio Astacio es presentada como un dirigente que combina:

Experiencia territorial.
Gestión administrativa visible.
Alineación con la política anticorrupción.
Disciplina partidaria.

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Si el gobierno de Abinader consolidó la marca del cambio en el ámbito nacional, la gestión municipal en Santo Domingo Este busca demostrar que esa marca puede replicarse en el territorio.

Toda crónica política debe reconocer que el juicio definitivo no lo emiten los discursos ni las percepciones internas, sino la ciudadanía. La política del cambio sólo se consolida cuando los servicios públicos mejoran, cuando la institucionalidad se fortalece y cuando la población percibe resultados concretos.

En esa tensión entre discurso y realidad se juega el futuro del PRM. Lo cierto es que, desde su fundación hasta hoy, el partido ha construido una narrativa coherente: cambio, institucionalidad y compromiso social.

La gestión de Luis Abinader marcó la pauta nacional; la administración municipal en Santo Domingo Este ha convertido esa pauta en práctica diaria. El tiempo y las urnas dirán si la continuidad del proyecto encuentra en sus actuales gestores a los herederos naturales de una obra que aún se escribe.

*El autor es escritor y analista político

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