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Virtudes rebeldes contra la muerte, esas no morirán jamás

In Memoriam a Robert Vargas.

Por Manuel Soto Lara

He comprado una cerveza para tragarme un nudo que tengo en la garganta. No sé por dónde empezar a escribir y creo que es por el nudo. Es normal que muera un periodista; pero ha muerto un periodista. También un maestro por 30 años. Sus virtudes, rebeldes contra la muerte, esas no morirán jamás. “Ha muerto Robert Vargas”, escribió entre llantos su amigo Valentín Medrano Peña, y el dolor traslucía intrépido entre los renglones. Yo no puedo escribir, yo tengo un nudo en la garganta.

Otros tantos, congojados y tristes, han escrito. Fue tendencia en redes sociales. No era cualquier periodista, con su portal digital Ciudadoreintal.com, dio identidad a nuestro municipio y promovió su liderazgo. Ayer, sus amigos, lo despedimos en el cementerio. Pero solo dejamos su cadáver, regresamos con sus recuerdos, con sus ejemplos, con todo.

De Robert Vargas aprendí muchas cosas. Aprendí, por ejemplo, que no hay que ir a la iglesia ni invocar a tanto Dios para ser buen cristiano. Aprendí, que siendo un buen ateo se puede hacer mejor la obra de Dios, que siendo un mal religioso. De todo eso nada me dijo, me lo enseñó. Quise enseñarle a ser libre, es decir, a hacer aquellas cosas que “no debemos hacer”; porque hacer lo que hay que hacer es exactamente lo que hacen los esclavos. Nunca lo convencí; por suerte.

Por su féretro en Gresefu desfilaron hasta sus más connotados adversarios. Eso solo ocurre con los hombres grandes, cuyos adversarios no pueden ser liliputienses. No tuvo enemigos, tal vez murió sin saberlo. Entre sus amigos allí estaban Joaquín Gerónimo y Guido Gómez, Juan Hubieres y Domingo Batista con Delly, También Fernando Peña y Narciso Isa Conde. Katy Báez, y otros tantos, también se hicieron sentir. Los políticos y dirigentes no se hicieron esperar. Todos estábamos ahí.

Allí estaba el periódico; el periodismo que era él mismo, y los periodistas, El ayuntamiento y el liceo. Allí estaban sus amigos ¡Cuantos testimonios de bondad! Era un inspirador hacia la superación, irradiaba optimismo; tal vez porque él mismo fue un ejemplo de superación personal. ¡Coño se fue Robert!

Allí estaban sus hijos biológicos y sus hijos por afinidad, que son los hijos de Cinthia. A todos los amó, protegió y los educó. Julio Benzant y Hamlet Espinosa, como yo, y otros tantos, también somos, de alguna manera, sus hijos.

Me dio una vida a mí a mis hijos, reiteró Cinthia conmovida ante el cadáver de su esposo. Como un Dios, era un dador de vida, a muchos, también nos dio una vida. ¡Coño, Robert te fuiste!.

El periodismo es una profesión liberal que toca muchos intereses. Robert Vargas, como pocos, honró esa profesión. Muestra de ello es que sus adversarios siempre fueron los del presupuesto. No era de los que por conveniencias personales se arriman al árbol que da leche. Y como tampoco era mediocre, no pasaba desapercibido: había que hacer algo con él. Por eso muchos lo amamos y otros tal vez lo odiaron. Una cosa no está en discusión: su pluma, esclarecida y rebelde, nunca estuvo en el mercado.

Ello explica que siempre haya servido a la causa de los desvalidos, que es la causa de la justicia.

Ayer Miguel Aníbal, otro amigo de Robert, y del cual siempre me preguntaba: ¿en qué está el Jabao?, me devolvió un mensaje que yo le había compartido el pasado 7 de septiembre, Robert murió el 30. Lo transcribo: “Cada vez que se muere uno de la generación de Robert Vargas, me llama nostálgico. Ya me había dicho a propósito de la muerte de Cruceta, que su generación se estaba yendo. Luego, con la muerte de Domingo Jiménez, me dijo que se estaba quedando solo”. ¡Y yo lo entiendo, porque yo también me siento tan solo!.

Robert sentía que se estaba quedando solo. O tal vez me, sin decírmelo, me decía que el también se estaba muriendo. Yo no lo entendí. Le di aliento. Para sacarlo de la nostalgia, apelé a una broma -tu eres como la negrita en el juego de billar- le dije. Y agregué -tu eres el último en caer. Me respondió “jajajaja coño tranca…jajajaja esa esta buena jajaja”. Luego seguimos hablando, como siempre, de cualquier cosa.

Cualquiera no podía ser su amigo porque no aceptaba vagabunderías. A sus amigos los protegió y los defendió. Desde el anuncio de su muerte aquella aciaga mañana septembrina, envuelta en su llanto y con el alma hecha pedazos, de espalda a la pared del hospital que en vano trató de salvarle la vida, estaba la magistrada Raquel, fue de los primeros en llegar y de los últimos en marcharse. Lo despidió en el cementerio. Con ella, su entrañable esposo, Jacobo Colon, otro amigo de Robert en las buenas en las malas. ¡Cuántas lagrimas los vi derramar!.

Cuando Raquel libró la cruzada contra la bulla de los colmadones de Santo Domingo Este, defendiendo el derecho a dormir, a estudiar y a morirse tranquilo de nuestros munícipes, en medio del miedo las autoridades ante el poder los antros y tahúres, Robert le acompañó. Siempre me resaltó las virtudes éticas de la fiscal. Por eso, cuando no la conocía, ya también la quería. Ella, dama exquisita, también lo distinguía.

Ayer al oscurecer, ya de espalda a la tumba íngrima y sola de aquel cementerio abandonado, escuché en voz atragantada “¿ahora a quién vamos a llamar? Era la periodista Liliam Oviedo que hablaba sola. Ella también, como Raquel, se siente sola. Como ella, yo también me pregunto ¿a quién voy a llamar a punto de engullirme la injusticia del poder; en la oscuridad de una noche cualquiera, como otras tantas veces, las frías armas del terror me amenacen.

Coño, Robert, yo tampoco pude verte cuando pudiera reconocerme; pero tu tenías tus sabias razones para disponer las cosas, y Cinthia, esposa abnegada, obediente y fiel, te honró, como siempre, haciendo cumplir tu voluntad. Fuiste bueno hasta eligiendo tus parejas; por eso tuviste pocas; pero muy buenas.

Pudiera decir tantas cosas maravillosas de Robert, pero el terco nudo, que pese a la cerveza, aún permanece estacionario en mi garganta, me lo impide.

 

Publicado por Julio Benzant

Periodista- Ciudadoriental.com; el primer periódico en Internet de Santo Domingo Este. CONTACTO [email protected]
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